La importancia del mote en política |
Nadie insulta en España como un buen corrupto. Lo de los políticos es secundario y rara vez superan en originalidad a los motes que se ponen en los casos de corrupción. Puede ser porque necesitan una mayor sofisticación cuando hablan en clave entre ellos, porque exhiben una vulgaridad rastrera o, seguramente, por el arraigo del mote en la sociedad española. A José Luis Ábalos, el exministro de Pedro Sánchez que sigue en prisión a la espera de juicio, lo llamaba Koldo "el Barriguitas" y a algunas de las mujeres que contrataban para sus orgías las identificaban como "chocho volador". A Ábalos también le decían "el Jefe", pero se entenderá que era en otro contexto. "Esto es muy fácil, hay que buscar una estrategia para joder al perro", que es como se referían a Víctor de Aldama.
Hay casos en los que llegan ya con el mote puesto, como "el Bigotes", al que algunos llaman Álvaro Pérez. En ese caso, la Gürtel, el principal de la trama, Francisco Correa, fue él mismo quien se puso el apodo: "Don Vito, llámame Don Vito", como le dijo a uno de sus empleados. Un gran ponedor de motes ha sido siempre el comisario Villarejo, otro que entra y sale de la cárcel. A Rajoy le decía "el Barbas", que es tan poco original como llamar "la Pequeñita" a Soraya Sáenz de Santamaría. El aspecto es determinante para el apodo, como lo de llamar "el Albondiguilla" a aquel alcalde de Boadilla del Campo por su baja estatura y su complexión. Del porqué se referían al marido de Dolores de Cospedal como "el Polla de hierro" no haremos especulación alguna, más allá de la constatación de esta variedad de los motes en la........