Elogio razonado del juez Llarena
Frente a la desvergüenza, contumacia; frente a la burla, seriedad; frente a la provocación, templanza y discreción. Rigor, serenidad y persistencia frente a la frivolidad, la chulería y la infamia. Hablamos del juez Pablo Llarena, el instructor de la causa fundamental contra la revuelta independentista de 2017; el magistrado que ha mantenido durante diez años la dignidad constitucional en España al no permitir el regreso de Carles Puigdemont hasta que el Gobierno de Pedro Sánchez no rebasara todos los límites de la decencia política a cambio de cuatro años más de poder. Ya no necesitamos ni deducirlo, lo reconocen abiertamente: "La amnistía se pacta [con los independentistas] para sumar la mayoría de 176 votos que necesitábamos", como ha acabado reconociendo esta misma semana el ministro Félix Bolaños.
Lo hicieron y, luego, trataron de locos y reaccionarios a todos los demás que no vendieron sus principios. El acoso al que ha sido sometido el juez Llarena por parte del presidente Sánchez es directamente proporcional al despropósito de estos años. Pensará Pedro Sánchez que ha vencido, le dirán sus replicantes y aduladores que ha conseguido salirse con la suya, pero ignora que pasará a la historia, a él que tanto le preocupa la posteridad, como un presidente mendaz y trapacero.
Sin jueces como Pablo Llarena, firmes en la aplicación de la ley, el retrato de Pedro Sánchez no estaría completo. O dicho de otra forma, con magistrados como Cándido Conde Pumpido, el 'ministro presidente' del Tribunal Constitucional, no existiría reparo alguno para todos los excesos e ilegalidades que quisiera cometer un gobernante. La valoración, por tanto, de Pablo Llarena tiene que ver con el rigor jurídico y, al mismo tiempo, con la capacidad demostrada para no caer en provocaciones, que es la principal virtud de un juez.
Este último aspecto es esencial porque cuando un juez utiliza los autos y las sentencias para........
