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El dilema de Santiago Abascal

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14.04.2026

Primero fue Extremadura, luego Aragón, posteriormente Castilla y León y, ahora, Hungría. No hay manera de que al líder de Vox, Santiago Abascal, le salgan unas elecciones satisfactorias, acordes a las expectativas que su propia formación promueve. Obsérvese la paradoja: no se trata de que el partido de la extrema derecha española esté pasando por un mal momento electoral, sino todo lo contrario, pero como ellos mismos se marcan retos que son capaces de cumplir, la sensación final que se ofrece es de estancamiento, incluso de desfondamiento. Si se le suma, además, que cada vez son más los disidentes, los críticos que abandonan el partido bramando contra las mafias internas, se completará esa sensación de declive que, como decimos, no se corresponde con la realidad.

Lo que nadie puede negar, en este sentido, es que Vox es el único partido político en España que está subiendo desde hace dos años, en muchos casos duplicando la representación institucional con la que ya contaba. El estancamiento, de hecho, es el que se observa en el Partido Popular, que parece haber alcanzado techo en todas las instituciones en las que se presenta. De la misma forma, el PSOE mantiene una caída sostenida e irrefrenable. ¿De dónde nace, entonces, esa sensación generalizada de frustración, incluso de descomposición? La respuesta es compleja porque incluye diversos factores. De forma general, digamos que en Vox ni manejan bien las expectativas electorales, y eso genera frustración, ni han sido capaces de rentabilizar el incremento de su........

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