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Andalucía, las formas de la corrupción

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23.09.2019

La corrupción es una consecuencia, una excrecencia del poder, eso lo sabemos. El problema es que, acaso por esa habitualidad, tendemos a pensar que la corrupción sólo es importante, relevante, cuando una investigación policial o judicial, incluso periodística, logra desmantelar una trama extensa de fraude y enriquecimiento. Ignoramos o despreciamos el proceso que lleva hasta ese final, la rutina que se instala en un gobierno, en una administración, en la que el desprecio de la legalidad se convierte en rutina.

En Andalucía, como es sabido, la hegemonía de cuarenta años del PSOE se acabó justo cuando los gobernantes convirtieron en normalidad institucional la burla de todos los controles internos y, a propósito, idearon un sistema opaco para poder repartir a su antojo el inmenso caudal de fondos que se tendría que haber destinado a la creación de empleo y a la formación de trabajadores desempleados; parados en la región con más paro de Europa, que nunca debe obviarse la gravedad de este fraude. Pero el final abrupto que conocemos del escándalo de los ERE, o de los cursos de formación, o de la agencia Invercaria, tiene siempre un principio inapreciable que es el que conduce a la creencia de que en política, cuando se ostenta el poder, todo vale con tal de que la gestión corrupta se oriente hacia la permanencia en el poder.

Antes de que en el fraude de los ERE un director general, el famoso Javier Guerrero, pudiera conceder subvenciones millonarias con solo colocar un post-it en la pantalla del ordenador, sin necesidad de publicar nada en el Boletín Oficial de la Junta de Andalucía, simplemente recurriendo al ominoso 'fondo de reptiles' que se creó para ponerlo al servicio de la arbitrariedad y del sectarismo, antes de todo eso, en el Gobierno andaluz decidieron que también podían saltarse los controles en la designación y el nombramiento de gestores o........

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