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'Madrilucía', insulto o gratitud

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03.03.2026

Las ha habido moderadas, exacerbadas y violentas; críticas de todos los colores. Como suele, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, se ha colocado en el centro del tanque de tormentas en el que se ha convertido su última iniciativa, una Feria de Sevilla en Madrid. Con un nombre propio de Cortylandia, la presidenta madrileña ha ideado un recinto con casetas y sevillanas que se llamará ‘Madrilucía’. Si alguien no conoce la Feria de Abril de Sevilla cuando visite ‘Madrilucía’ seguirá sin conocerla porque lo que se ha ideado es tan parecido como un huevo y una castaña. No es una copia, por tanto, sino una reinvención de la feria andaluza. En una explanada de 200.000 metros cuadrados, diseñada para grandes eventos, se crearán calles de césped artificial con una especie de estands, propios de las ferias de turismo, decorados con motivos feriales, como lonas, encajes, farolillos y sillas de enea.

Cada uno de esos stands se venderá por un precio que oscila entre los 55.000 y los 59.000 euros; en total, serán 400 ‘casetas’ en las que se servirán productos típicos de la gastronomía andaluza como el pescado frito, el jamón y la manzanilla. De fondo, sevillanas y flamenco, también con actuaciones en directo. Además de las empresas, que presumiblemente serán las que en su mayoría de hagan con la explotación de las casetas, habrá algunos destacados artistas, como Bertín Osborne que ha sido de los primeros en confirmar que participará en ‘Madrilucía’. El evento se prolongará a partir del 20 de mayo durante casi un mes, cuatro veces más que la Feria de Abril de Sevilla. En resumen, grandilocuencia madrileña con pintura andaluza. Habrá quien diga, remedando a Díaz Ayuso, que en ‘Madrilucía’ nadie corre el riesgo de encontrarse con su ex.

En todo caso, como se decía antes, lo que nos puede resultar más llamativo es que esa desproporción se ha trasladado a la intensidad de las críticas, unas favorables y otras corrosivas. Una de las más ácidas se produjo en el Carnaval de Cádiz y, de forma inmediata, Teresa Rodríguez, que se define como andalucista y anticapitalista, subió a sus redes sociales un mensaje abrupto. "Ayer en el Falla, la comparsa OBDC predecía a ‘Ayuso y al carapolla’ disfrazados de Andalucía, bailando unas sevillanas y no consigo quitarme esta náusea estomagante. Me cago en vuestros muertos uno a uno". Esta acritud, áspera y grosera, tan propia de la extrema izquierda que se mofa de los adversarios con insultos personales que en otros ámbitos considera inadmisibles, no ha sido la única.

Ayer la @comparsaobdc en el Falla predecía a "Ayuso y al carapolla", disfrazados de Andalucía, bailando una sevillana y no consigo quitarme esta náusea estomagante. Me cago en vuestros muertos uno a uno. pic.twitter.com/GPR0lQyifZ— Teresa Rodríguez 🇵🇸 ۞ (@TeresaRodr_) February 3, 2026

Ayer la @comparsaobdc en el Falla predecía a "Ayuso y al carapolla", disfrazados de Andalucía, bailando una sevillana y no consigo quitarme esta náusea estomagante. Me cago en vuestros muertos uno a uno. pic.twitter.com/GPR0lQyifZ

También el líder del PSOE de Sevilla, Antonio Muñoz, se ha mostrado indignado con la "catetada" de ‘Madrilucía’, "que trata nuestras tradiciones como si fueran un objeto de consumo exportable a cualquier latitud". De forma paralela, aunque con menos intensidad, también se ha criticado ‘Madrilucía’ en Madrid. Podemos destacar, por ejemplo, la que plasmó aquí mismo mi compañero Rubén Amón. A su juicio, que con seguridad será compartido por muchos madrileños, esta iniciativa es el síntoma inequívoco de un problema interno de identidad. Las fiestas propias carecen de credibilidad y de repercusión interna y se refugia en la réplica de las ajenas. "Lo desconcertante —escribió Amón— no es que se copie una fiesta. Es que se haga con orgullo y opulencia (...) para confirmar su mayor debilidad: la facilidad con que se entrega al primer vendedor de identidad que promete éxito inmediato".

Lo extraordinario de unas críticas y otras es que difícilmente podríamos imaginarlas referidas a otros muchos eventos en los que se imitan fiestas y costumbres de otros países, con idéntica reproducción de gastronomía, decorados y música propias. Pensemos, por ejemplo, en las fiestas de la cerveza de Múnich, el Oktoberfest que se replica en muchas ciudades españolas. En Madrid, concretamente, se celebra en el Hipódromo desde hace años y no levanta crítica alguna. Dicho de otra forma, el problema no está en la importación de fiestas, sino en la amplificación que se genera con muchas de las cuestiones que tienen que ver con Andalucía. En todo caso, están más justificadas las críticas que se hacen en Madrid que las que surgen en Andalucía, con esa pose forzada de considerar un agravio o un insulto lo que no pasa de ser un reconocimiento de la universalidad de sus fiestas y costumbres. Madrilucía en nada perjudica a la Feria de Sevilla, ni mucho menos la debilita: quien no conozca la feria sevillana tendrá ganas de visitarla si acude a la de Madrid y le gusta. De modo que, como decimos, podemos concluir que toda esta polémica con Madrilucia tiene más que ver con la amplificación de todo lo andaluz que con cualquier otra nimiedad. Y esto sí que no es nuevo: de forma progresiva, a través de los siglos, Andalucía le ha ido prestando su identidad al conjunto de España, sobre todo cuando se nos ve desde fuera.

El tipismo andaluz como imagen exterior de España. Hay muchos estudios y ensayos sobre esta peculiaridad, pero destacaremos uno de los más brillantes. A finales de los años 60 del siglo pasado, el filósofo Julián Marías publicó un libro de viajes, a la manera de los viajeros europeos del siglo XIX, y se detuvo en dos regiones, Cataluña y Andalucía. Era aquella, la Andalucía de 1965, una tierra pobre y subdesarrollada, herencia de las dejaciones acumuladas durante décadas. El mendrugo en la mesa y los jornaleros arrastrando su penuria en el cortijo del señorito. Una realidad triste de pobreza que llegaba a ser misérrima en algunos pueblos andaluces, a pesar de que en aquella época ya comenzaba a percibirse en Andalucía el desarrollo de la última etapa del franquismo.

Decía Julián Marías: "Cuando se piensa en España acuden siempre imágenes de Andalucía (…) una región tan diferente, con rasgos acusados, resulta representativa de la totalidad nacional y hasta símbolo de ella. Tenemos que trascender de lo meramente físico y vegetativo, del suelo y el cielo: algo tiene que haber en Andalucía que permita esa extravasación de sí misma, ese verterse de su forma propia sobre la superficie entera de España". Julián Marías concluía diciendo que, en el fondo, el principal atractivo de Andalucía es el pragmatismo, la expresividad y el disfrute con el que se afronta la vida. Como en este fin de semana se ha celebrado el Día de Andalucía, el 28 de febrero, la polémica, aunque disparatada, del invento de ‘Madrilucía’ nos ofrece la oportunidad de repensar todo ello, el carácter andaluz y su reflejo en España. En la última encuesta del Centro de Estudios Andaluces, el 90 por ciento de los andaluces manifiesta que está orgulloso de ser andaluz y casi el mismo porcentaje se siente igualmente orgulloso de ser español. Probablemente, es la única comunidad autónoma que incluye en su himno la palabra España, "Andalucía, por sí, España y la Humanidad", como escribió Blas Infante en 1933. Ese es el ideal andaluz que conviene en España.


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