Socialdemocracia 21, llorar sobre la leche derramada |
Ha nacido un colectivo llamado Socialdemocracia 21. Sabemos que su rostro visible es el de Jordi Sevilla y conocemos un documento de diez páginas acompañado de un vídeo de cinco minutos con una alocución del propio Sevilla.
Socialdemocracia 21 se presenta como "una corriente de reflexión y acción política, abierta a militantes socialistas y a ciudadanos progresistas no afiliados, unidos por una convicción común: la necesidad urgente de recuperar una socialdemocracia fuerte, reconocible y coherente para España".
Esa declaración de voluntad comporta el reconocimiento de que dejó de existir una fuerza política que pueda calificarse cabalmente como "una socialdemocracia fuerte, reconocible y coherente para España". Los redactores niegan implícitamente esos atributos al partido que dirige el actual presidente del Gobierno.
Más allá de detentar una sigla histórica, es evidente que la criatura política que hoy lidera Pedro Sánchez no es socialdemócrata, ni fuerte, ni reconocible ni coherente para España. Es un aparato de poder de signo populista, débil hasta el punto de haber entrado en fase agónica, no reconocible porque resulta de una mutación de su naturaleza anterior e incoherente para España porque cambia permanentemente de posiciones y discursos y porque todos sus aliados sin excepción descreen de España como Estado-nación y buscan su disolución por distintas vías.
Opinión TE PUEDE INTERESAR Comité federal del PSOE: no es vino, es gaseosa de limón Ignacio VarelaEl titular del documento clama "por la reactivación política del PSOE y de la democracia en España"; una asociación freudiana que liga la erosión política del PSOE -ese partido que, al parecer, necesita ser reformulado por enésima vez- con la de la mismísima democracia. Ciertamente, el texto contiene una enmienda a la totalidad del partido sanchista en todos sus puntos cardinales:
Denuncia que el rumbo tomado "nos ha conducido a un auge de la extrema derecha, a una pérdida de apoyos al socialismo y a una dictadura de las minorías".
Reclama un proyecto "que huya del mito de las dos Españas", "que atienda a las diferencias sin romper lo que nos une", "que se sienta más hijo de la Constitución que nieto de la guerra civil", que garantice servicios públicos adecuados y un sistema tributario "progresivo de verdad" y "políticas sociales eficientes y realmente redistributivas".
Digo yo que si se reclama todo eso es porque se echa en falta. Lo cual, tras siete años largos de gobierno, no puede ser ya atribuible a ninguna herencia recibida. La receta que se prescribe en primer lugar para recuperar el proyecto extraviado es "un cambio de rumbo en la estrategia socialista de políticas y alianzas", puesto que los ciudadanos "no se reconocen en el discurso confrontativo populista, continuamente plegado a las necesidades de votos en el Parlamento, que presenta el actual Gobierno".
Denuncia que "son los más ricos quienes están acaparando el crecimiento mientras la desigualdad social aumenta. Del crecimiento acumulado de España en los últimos años, el 42% ha ido a las manos de las rentas del capital y sólo un 13,4% a rentas salariales". Gran balance para el Gobierno más igualitario que vieron los tiempos. Lo que no aclara es a qué manos fue el 45% restante: ¿quizás a las del Estado, o al servicio de una deuda desbocada que aplastará a las próximas generaciones?
TE PUEDE INTERESAR El 'think tank' del PSOE se rebela contra el "pesimismo progre" y llama a resistir Marisol HernándezLa conclusión política es terminante: "Las dos fuerzas mayoritarias no son capaces de hablar ni acordar nada de nada sobre nada. Esa situación conduce a nuestra democracia a estar en manos de la dictadura de las minorías de uno y otro signo". Situación particularmente preocupante porque, para Socialdemocracia 21, "los