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El partido de Iglesias se desangra en los ayuntamientos

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13.05.2019

Las elecciones municipales de 2015 fueron el mayor triunfo electoral de Pablo Iglesias desde su aparición en la política española. Todas las condiciones ambientales se concitaron a su favor: la marea de la nueva política, la resaca de la crisis, la pulsión social por castigar al bipartidismo y el encantamiento podemita en amplios sectores de la izquierda. En aquella votación, se estrenó el nuevo sistema de partidos que unos meses más tarde se consagraría en las generales.

Podemos decidió aprovechar al máximo la dirección del viento y articuló una estrategia inteligente de candidaturas municipales en las que a la atractiva nueva marca se añadieron movimientos ciudadanos, partidos nacionalistas de izquierdas y personajes independientes de prestigio en el universo progresista. Fue la apoteosis de las confluencias.

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Gracias a ese plan, la izquierda obtuvo un botín espectacular de gobiernos en unas elecciones que, numéricamente, había ganado la derecha. Fue el primer caso del 'ganar perdiendo', que es la última moda de la política española. Podemos y sus aliados se hicieron con las alcaldías de un puñado de grandes ciudades: Madrid, Barcelona, Valencia, Zaragoza, Cádiz, A Coruña, Santiago… Y sus votos ayudaron al PSOE a camuflar su humilde resultado arrebatando al PP otro puñado de gobiernos autonómicos (Aragón, Baleares, Castilla-La Mancha, Extremadura y la Comunidad Valenciana). Fue un negocio redondo para ambos.

Iglesias ha exhibido en estos años los autodenominados 'ayuntamientos del cambio' como la joya de su corona y el máximo exponente de su fortaleza política. Pero aquel triunfo llevaba........

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