Europa ante el nuevo orden económico: soberanía, capital y oportunidad

Durante décadas, Europa se ha beneficiado de un equilibrio que hoy empieza a resquebrajarse: globalización eficiente, costes energéticos relativamente estables, seguridad externalizada y una arquitectura institucional que priorizaba la integración económica sobre la competencia geopolítica. Ese mundo ya no existe. La transición hacia un entorno multipolar, caracterizado por rivalidades estratégicas crecientes y por una redefinición del papel del Estado en la economía, obliga a repensar profundamente tanto la política económica como las decisiones de inversión.

El cambio no es coyuntural. Es estructural. Y tiene tres vectores principales que condicionarán el crecimiento y la asignación de capital en los próximos años: el endeudamiento, la reindustrialización y la competencia por los recursos críticos.

En primer lugar, el nivel de deuda acumulado en las economías occidentales limita el margen de maniobra de los gobiernos. La austeridad, tanto por razones sociales como políticas, ha dejado de ser una opción viable. En su lugar, se impone una estrategia de "licuación" de la deuda a través del crecimiento nominal: políticas fiscales expansivas, tipos de interés reales bajos y una mayor tolerancia a la inflación. Este enfoque tiene implicaciones claras: erosiona el valor del dinero fiduciario y favorece a los activos reales y a aquellos sectores capaces de trasladar precios o capturar rentas regulatorias.

En segundo lugar, asistimos a un renacimiento de la política industrial. La pandemia y las tensiones geopolíticas han evidenciado la fragilidad de las cadenas de suministro globales. La........

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