Ceuta pone a prueba el futuro entendimiento entre Feijóo y Marruecos

Desde que el Partido Popular invitó, en julio de 2025, a su XXI Congreso en Madrid, a un representante del Frente Polisario, la relación entre Marruecos y la principal formación de oposición española empezó a ser tirante, pese a que también asistió a aquel evento una delegación marroquí.

A las fricciones de Marruecos con la dirección del partido se añaden otras con las comunidades autónomas que, empujadas por Vox como Murcia, o motu proprio, como Madrid, han suprimido el Programa de Lengua Árabe y Cultura Marroquí, financiado por la Fundación Hassan II, que se impartía en escuelas públicas. Cortan así un nexo de los niños y adolescentes marroquíes con su país de origen, pero que estaba impregnado de cierta carga ideológica.

En esa larga lista de desavenencias entre populares y autoridades marroquíes figura, por supuesto, el Sáhara Occidental. No está, sin embargo, nada claro que, si llega a ser presidente del Gobierno, Alberto Núñez Feijóo dé marcha atrás y retire el apoyo que brindó Pedro Sánchez, en marzo de 2022, al plan de autonomía del rey Mohamed VI. Hacerlo supondría desatar una crisis con el país vecino nada más entrar en La Moncloa, algo que puede asustar a cualquier jefe de Gobierno, más aún si carece de experiencia internacional.

El principal escollo en la relación del PP con Rabat ha sido, de lejos, Ceuta y Melilla. Feijóo las ha mimado porque ambas están gobernadas por presidentes del PP y porque el país vecino las acosa desde muchos puntos de vista, desde el económico —las aduanas inauguradas........

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