Pescando en río revuelto ante la transición verde en el sector agrario |
Existe bastante confusión en el ámbito de la llamada transición verde promovida por la UE y su impacto en el sector primario. Se ha construido un relato contrario a dicha transición basado en una mezcla de inventos y de realidades, en la que se incluyen temáticas complejas. A la confusión voluntaria ha contribuido en parte la insuficiente integración coherente entre las políticas medioambientales y agro alimentarias de la UE, de lo cual se han aprovechado determinadas opciones políticas extremas, explotando un genuino descontento por las citadas incoherencias.Nos referimos a desafíos de facto interconectados por vasos comunicantes que forman parte de los objetivos comunitarios, como lo son: la seguridad alimentaria, la sostenibilidad del sector, la descarbonización, la limitación de la presión sobre el territorio, el fomento de la bioeconomía circular, la preservación de los ingresos de los productores, el apoyo a la Europa Vacía, las regulaciones sobre insumos (ej. combustible, agroquímicos), las normas de calidad alimentaria, las condiciones laborales en el campo, las exigencias ante productos importados respecto de la producción europea y los efectos potenciales del tratado Mercosur.
Se trata de retos no adecuadamente abordados en forma coherente, lo cual se está traduciendo en reacciones basadas en discursos emocionales arbitrarios, donde lo que emerge con mayor fuerza no son posiciones basadas en análisis, sino la bronca de unos y la pesca en río revuelto por otros.
Sin embargo, conviene reconocerlo con claridad: hay razón en muchas de dichas quejas por parte de quienes sufren los problemas. Muchos de quienes protestan legítimamente han vivido durante décadas sufriendo una realidad caracterizada por ingresos decrecientes, casi en soledad, mientras las decisiones que afectaban a sus vidas se tomaban lejos. No nos engañemos: resulta muy fácil estar en un despacho de la Rue de la Loi, en Bruselas contemplando el mundo desde la comodidad del burócrata ilustrado, sin tener en cuenta que el problema real lo padece, al final, esa persona que está en el campo, enfrentándose cada mañana a una ecuación económica cada vez más difícil de resolver.
Dicho lo anterior, también se observa que al propio pequeño productor le falta una verdadera transformación interna. Por una parte, se echa en falta un mayor empoderamiento en la gestión de la cadena de valor por parte de los productores familiares, partiendo de la realidad de que no existe un solo sector agropecuario, ya que gran parte de la superficie agraria está en manos de grandes propietarios y grupos empresariales. En el caso de nuestro país, nos referimos a cerca de 784.000 jefes de explotaciones agrarias (en propiedad o arrendamiento) y alrededor de 1,2 millones de miembros de cooperativas agroalimentarias........