Yo escuché a Carlos Alsina |
La radio no es un medio de comunicación de masas. Eso, por decirlo en términos actuales, es un gran bulo. La radio es un medio de comunicación de intimidades. La voz se adhiere a nuestra rutina: se pega a nuestros atascos, se ducha con nosotros, suena de fondo en la cocina, se cuela mientras sacamos al perro, entre el tintineo de copas en el bar de siempre. Quienes oímos (y hacemos) radio sabemos que la relación entre el oyente y el locutor es superior —sí, lo digo— a la que se puede establecer en cualquier otro medio de comunicación. Superior en confianza, en cercanía, en cariño. Delante del micrófono no hay fingimiento que pueda durar toda una temporada; en la tele se puede enmascarar quién eres. En el estudio no hay maquillaje posible para la voz. Y no existen intermediarios —ni comisionistas— entre el oyente y el locutor.
Por eso, para quienes somos oyentes de Alsina, no nos sorprendió demasiado saber hace unos días que el periodista lo deja. Por suerte, no del todo: abandona la actualidad, la política (o el politiqueo), los monólogos, las últimas horas. Y por la misma razón sabíamos que las marcianadas que algunos afirmaban con rotundidad —"Alsina a la SER: los rumores se acrecientan"— eran eso, marcianadas de quien tiene que rellenar líneas y no dispone de información. Uno de los motivos básicos por los que las conspiraciones tienen predicamento es........