Sánchez y el bulo de la España feliz
Previsible, jugando en casa, encantado de haberse conocido y sin margen para la autocrítica, Sánchez reapareció con pilas nuevas y la idea fija de reactivarse frente a la adversidad.
El objetivo de su comparecencia-balance del curso político era cambiar la percepción de un Gobierno agonizante por la de una España feliz de la que "todos deberíamos sentirnos orgullosos".
Las caras de los ministros sentados en la primera fila lo decían: ¡gracias a ti!, ¡gracias a ti! Con largo aplauso final. Como si la sala de las ruedas de prensa de la Moncloa fuera un hemiciclo de bolsillo para el lucimiento del "number one".
Menos probable es que el aplauso se contagie al pueblo soberano. Se trata de vender la imagen del "Gobierno de la gente, con la gente y para la gente". Y, claro, de conseguir que la gestión deje de estar cautiva de la agenda judicial. Mal comienzo si reparamos en........
