8-M: El "no a la guerra" olvida el drama de las mujeres iraníes

Ocurrió cuando Pablo Neruda, un comunista de los de antes, había caído de su romántico pedestal y ya era visto como un violador despreciable. Poco tiempo después empezamos a saber de las visitas prostibularias de Tito Berni, la mano larga de Monedero, la de Paco Salazar, la del alcalde de Almussafes, los apremios hormonales de Errejón, el sexo recreativo del ministro Ábalos, los álbumes de Koldo, etc.

Hasta entonces estaba normalizado que se puede ser putero, de izquierdas, presumir de feminista y acudir a las manifestaciones del 8-M. Al menos el rango de las presencias masculinas se ha desplomado. Ministros y famosos se han tapado esta vez. Que yo sepa, solo el ministro Óscar López se ha dejado ver junto a las ministras. Y los habituales de otros años, como Monedero, Marlaska, Errejón, Iglesias, renunciaron al baño de masas y quedaron libres de canutazos.

"No consentiremos que ningún gobierno ni partido político, sea del signo que sea, nos tutele", dice el manifiesto feminista de este año. Sin embargo, solo el "rearme patriarcal" de la izquierda explicaría que las marchas no se hayan centrado en el rescate de las mujeres iraníes.

Ni media palabra en ese manifiesto ("Feministas antifascistas: somos más en todas partes"). Y no será porque le falte vigencia al hecho de que, solo por ser mujeres, sufren la represión de los ayatolás. Bracean contra sus verdugos sin ayuda de cancillerías occidentales. Y sin la de una operación militar que está a otra cosa. No a la liberación de las mujeres. Si acaso, solo sería un efecto colateral de un objetivo de mayor cuantía: consolidar el poder de Israel en Oriente Medio. Eso buscan el "rugido del león" y la "furia épica" del cabestro de la Casa Blanca.

Sánchez apela al derecho internacional, pero él se ha pasado el nacional (CE y ley de Defensa) por el arco del triunfo

También el grito feminista del domingo estuvo a otra cosa. En vez de exigir la liberación de la mujer iraní, antepuso la pancarta del "No a la guerra" y volvió a distraerse en lemas contra el fascismo, el machismo y los avances de la ultraderecha.

Un rugido de la pantera feminista contra la tiranía de los ayatolás habría tenido que celebrar de alguna forma los rugidos de Trump y Netanyahu contra el execrable régimen de los ayatolás. Pero eso hubiera rebajado el subidón de Sánchez por cuenta del "No a la guerra" que, valorado en el contexto vigente (no hay reglas sino relaciones de fuerza) es una forma de seguir aplazando el rescate de la mujer iraní.

También es una forma de relativizar la importancia de acabar con una dictadura, como sugiere Mario Dìaz (El Español), cuando, mirando al retrovisor de la historia, se pregunta si los Azaña, Prieto, Negrin, Lister, etc. le hubieran hecho ascos a la acción militar de una potencia extranjera que hubiera derrocado a Franco por la fuerza, incluso violando el derecho internacional que ahora invoca Sánchez, mientras se pasa por el arco del triunfo el nacional (CE y ley de Defensa, sobre la preceptiva autorización parlamentaria del uso de la fuerza militar).

La pregunta del colega es oportuna, aunque nos situemos en aquella época, tras la entrada en vigor de la Carta de las Naciones Unidas (octubre de 1945) que ya prohibía el uso de la fuerza (art. 2). Aun así, es hablar por hablar, porque el derecho internacional ha saltado por los aires. Y el nacional también.


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