De perros y drogas: dos noticias que no se entienden mejor juntas
Los perros podrán viajar en todos los trenes de RENFE y las chicas podrán denunciar por violencia de género a los hombres que les venden las drogas. Si estas dos noticias no se entienden por separado, imagínense juntas. Pero fue así, juntas y sin solución de continuidad, cómo nos golpearon a los sensatos en titulares atroces de Twitter. De pronto no dabas crédito: perros sentados en asientos de tren naturalmente reservados a los pasajeros. Aún atormentado, te caía el siguiente suceso: los "camellos" no creen en el amor.
La zoología ferroviaria nos habla de gallinas y conejos, y no en vano culmina en un AVE. Desde la gallina en tercera que tu bisabuelo trajo con él a Madrid hemos progresado bastante (a no meter gallinas en los trenes yo lo llamo progresar bastante). Sin embargo, la izquierda desquiciada lleva tiempo progresando en lateral, cabe el abismo, con vértigos que sólo notamos nosotros, los conspicuos.
Así, aman al perro, lo cual no es incorrecto. Pero su amor por el perro va volviéndose un juego de suma cero, y si aman al perro, tienen que amar menos al prójimo. Puestos a repartir amor y derechos, primero van los que muerden, ladran y cagan. ¡Han cagado muchas calles del franquismo para llegar hasta aquí! Su ladrido es, a fin de cuentas, la democracia.
Sucede que de este amor al perro surge su consideración psicopática de hijo, familiar o ser querido. Tú tienes a tu hija, ellos tienen un perro. Valen lo mismo, niñas y perros, y quizá los pulgosos enarbolan hasta mejores nombres. Lo explicaba una señora en Twitter: "Exactamente. Va tocando poner las cosas en su sitio si queremos una sociedad justa y sana. Ya está bien de consentir cosas a los niños cuando nuestros hijos caninos no tienen la misma consideración. Lo peor es que cuando lo dices se piensan que........
