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Cuando el mejor amigo de una chica es la cerveza

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04.04.2026

Pasan los años por mis amigas y sólo un amor permanece: el amor a la cerveza. Esto me chocó el otro día y me dio por pensar en ello. Este artículo, en rigor, es mi forma de pensar en ello.

Hablo de chicas que tuvieron veinte y una cerveza al lado, que fueron madres y alguna caña le dieron a probar al feto, y que luego no le ahorraron varios botellines al bebé. Ya con cincuenta, siguen mostrando un entusiasmo pre-natal por la ceremonia de tomar cervezas. La cerveza en estas chicas y mujeres es siempre plural, acumulativa, no es como que hagan una cata de dry hopping y IBUs en una galería de arte. Les vale una Mahou; exigen una Mahou. La única fidelidad que conocen es a su Mahou.

Ahora que la juventud no bebe alcohol, la industria cervecera se sostiene por borrachas acreditadas. Como hay confianza, digo “borrachas”. Cuando los camareros me ven con una chica en una terraza, siempre saben que la cerveza es para ella. Mis amigas maduras me afean los Trinaranjus, no por la falta de hombría, sino por la falta de felicidad.

Perdura en la cerveza una alegría universitaria, un jolgorio Erasmus, un primer novio con guitarra y padres de dinero. No encuentro otra explicación para el vicio sostenido de las cervezas que esa nostalgia de estar borracha estando buena. Las cervezas, para mis amigas borrachas, no son escalinata de perdición, no llevan, indefectiblemente, a una copa y luego a otra, sino que constituyen en sí mismas, esas cañas o esos tercios, un evento satisfactorio.

Por eso, hay contaduría y versículo, y se hacen números........

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