Groenlandia y el precio de un berrinche |
En el año 985, exploradores vikingos al mando de Erik el Rojo descubrieron y se asentaron en una gran isla, en ese momento deshabitada, la cual llamaron “Grønland”. Exactamente seiscientos años después —en 1585— exploradores ingleses al mando de Sir Walter Raleigh llegaron a las costas de Norteamérica y fundaron la colonia de Virginia, en ese momento habitada por millones de indígenas. A pesar de este contundente comparativo histórico, el Presidente de Estados Unidos insiste públicamente en que tiene más derecho a reclamar posesión sobre Groenlandia que los daneses, y desestima la ironía de que su propio país existe a consecuencia de unos europeos llegando también a sus costas en barcos.
La retórica de Donald Trump contra Dinamarca —aliado histórico y miembro fundador de la OTAN— ha escalado hasta insinuar que Estados Unidos podría “tomar” la isla por la fuerza. Pero la invasión y anexión de Groenlandia es imposible en la práctica. El riesgo real es el daño que causa Trump a la estabilidad mundial con sus declaraciones irresponsables, las cuales tratan a un socio y aliado como si fuera un vasallo imperial.
Bajo las propias leyes de Estados Unidos, Groenlandia no puede ser anexada por el presidente con una simple ocupación militar, pues Estados Unidos no es una dictadura. Trump y el Partido Republicano saben esto y no se conformarían jamás con controlar el territorio de facto: querrían que fuese estadounidense de........