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“El comercio internacional atraviesa un momento decisivo”.

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09.03.2026

Solo en el Perú somos 18 millones de mujeres, pero aún seguimos siendo excluidas y nuestros derechos se ven constantemente vulnerados. La desigualdad económica y social se evidencia en distintas dimensiones: el acceso a trabajo, las brechas salariales, los logros educativos, y la violencia y el acceso al sistema de justicia. Hoy en el Perú las mujeres ganan en promedio 25% menos que sus pares hombres por el mismo trabajo, pese a que una ley lo prohíbe.

El avance social y la reducción de la pobreza en América Latina han ocurrido como consecuencia de tres transformaciones estructurales: la urbanización, el crecimiento del sector servicios y la feminización de la fuerza laboral. El FMI calcula que cerrar la brecha de género en el empleo podría aumentar el PBI hasta un 35%. Y por esta razón el Banco Mundial considera que impulsar la equidad de género no es cosa de mujeres, es economía inteligente.

Sin embargo, en nuestro país solo el 63% de las mujeres trabaja, pero el 74% lo hace en la informalidad, segmento caracterizado por su precariedad, subempleo, aislamiento e inestabilidad. Más aún, en la informalidad las mujeres tienen mayor riesgo de ser víctimas de acoso por las autoridades, desde la policía y los supervisores municipales hasta los funcionarios de la administración tributaria.

Los últimos años han traído un incremento notable en acceso a educación, pero, aun así, el Perú se sitúa entre los 60 países con mayores disparidades de género en educación. En cuanto al mercado laboral, seguimos desarrollándonos en los escalafones bajos y medios. No llegamos a las gerencias generales. Solo el 4% de las empresas más grandes en el Perú tiene una mujer como CEO y solo el 6% de los directores de empresas son mujeres.

En lo que sí estamos por encima es en que dedicamos 40 horas a la semana adicionales a realizar tareas domésticas y, si tenemos hijos, la brecha de empleo entre hombres y mujeres se amplía en diez puntos porcentuales, y por cada hijo adicional en cinco puntos porcentuales. Dicho en sencillo: el Perú está perdiendo dinero por mantener la inequidad de género.

La mayor muestra de esta inequidad es la violencia. Una de cada dos peruanas ha sido víctima de violencia de su pareja. Esta es una realidad que enfrentamos a diario y es transversal a todos los estratos socioeconómicos y niveles de educación. Lo más difícil para lograr erradicarla es que ocho de cada diez peruanos tienen algún nivel de tolerancia y el 60% considera que terceros no deben intervenir en casos de violencia familiar.

Solo en el 2025, 993 niñitas entre 10 y 14 años dieron a luz. Se han presentado 25.243 denuncias por violación sexual y 7.087 mujeres han desaparecido. Muchas de ellas, si siguen vivas, están atrapadas en las redes de trata para la prostitución forzada, en bares clandestinos y campamentos de minería ilegal. Hasta noviembre del 2025, 117 mujeres han sido asesinadas por el hecho de serlo, y sin embargo, el Congreso quiere eliminar el delito de feminicidio.

Estas cifras no son nuevas y las repetimos todos los 8 de marzo, al conmemorar el Día Internacional de la Mujer. No es un día de celebración, es un día donde llamamos la atención sobre la inequidad de género. Inequidad que afecta a toda la sociedad, no solo a las mujeres. Por eso necesitamos que los hombres se conviertan en nuestros aliados. Desde el sector privado tenemos una tarea pendiente, impulsar la equidad de género para generar riqueza.


© El Comercio