La religión del fútbol

Pico y Placa Medellín

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Por Juan José García Posada - juanjogarpos@gmail.com

Este es en definitiva el año de la consagración del fútbol como religión mundial. Me atrevo a decir también que ha sido el momento histórico de la extinción del respeto a lo que en todas las sociedades tenía el sello coaligante de lo sagrado. Nunca en plena Semana Santa se habían programado partidos de balompié, en ningún lugar comprendido en el espectro de la civilización cristiana occidental. ¿Qué ha pasado, qué fuerza subterránea o multinacional ha obrado para llegar a semejante situación en que se ha impuesto el culto a los jugadores, semidioses o santos laicos venerados por millones de aficionados que han colmado los estadios y se han impuesto las señales radiotelevisivas como centro máximo de atracción de una grandísima porción de la especie humana? Para los que no podemos negar nuestra afición, más todavía en días previos al Mundial, el fútbol no haría daño alguno, pero sí es motivo de inquietud y extrañeza que haya alcanzado una preponderancia innegable, con todas sus bondades y perversidades.

Se habla de una relación celestial entre religión y fútbol, de la sacralización de lo profano como el balompié y los equipos y jugadores, de la primacía del culto al balón, en fin, de todas las dudas que van emergiendo en torno a este asunto que tiene rasgos desproporcionados. El gran historiador de las religiones, Mircea Eliade, en sus reflexiones sobre lo sacro en nuestra época, motiva una reflexión, basada en las circunstancias actuales, sobre la decadencia de lo sagrado, el descuido y el irrespeto consiguientes, a propósito del paralelismo entre las ceremonias religiosas y las futbolísticas. Lo que ha pasado ahora es hasta escandaloso, inconcebible. Cómo así que un Jueves Santo en forma simultánea haya competido con la liturgia penitencial el canto al gol de un equipo y hayan sonado más duro los cánticos de los hinchas en un estadio o en el café de la esquina que un coro que invitaba al recogimiento y a la recordación de los pasajes del Evangelio. ¿Qué tipo de mensaje está contenido en ese repentino cambio de costumbres y si es ya la sentencia final de la cancelación del respeto por lo sagrado y la exaltación de lo profano?

A muy pocos nos hicieron caso cuando extrañamos que las emisoras se abstuvieron de transmitir en Semana Santa la programación de música religiosa y les dieran curso a las audiciones bailables, como si en la cuadra siguiente los feligreses no merecieran mínimo respeto por la liturgia sacra. Algo estaba pasando en el espacio sonoro. Lo de ahora es desconcertante. No aplicamos un criterio tradicionalista mandado a recoger, sino el mínimo, indiscutible sentido común. El irrespeto por lo que se ha calificado de sacro pasó a la historia, La cuestión de Mircea Eliade nos ayuda a tener alguna claridad en esta trascendental discusión: ¿En qué medida una existencia radicalmente secularizada, sin Dios ni dioses, puede constituir el punto de partida de un nuevo tipo de «religión»? ¿Vale más la religión del fútbol?

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