Entre Rubio y el rubio |
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Por Alberto Velásquez Martínez - opinion@elcolombiano.com.co
Cunde el desconcierto entre los analistas, no solo de la política nacional, sino de la internacional. Si en la doméstica se estrujan el seso buscando alguna línea lógica entre tanto caos e improvisación gubernamental, en la mundial se desajustan sus análisis un día sí y otro también cada que el gran patrón del norte saca de la chistera una nueva ocurrencia.
La semana pasada se celebró en Alemania la Conferencia sobre la seguridad mundial, con asistencia de los principales líderes de Europa, continente que anda más bien sin rumbo y sin liderazgos potentes. Hace un año, en esa misma cumbre, el vicepresidente de Estados Unidos llegó pateando la puerta y alzando la voz, altanero, con la pretensión de parecer más duro que su jefe. Por eso este año los europeos esperaban la intervención de Marco Rubio con prevención y miedo. El cubano-americano habló, y terminaron aplaudiéndolo de pie.
Rubio no solo es secretario de Estado, sino también consejero de Seguridad Nacional de EE.UU. Doble posición que antes solo había desempeñado el retorcido Henry Kissinger. Tiene acceso a las mejores fuentes de información de todo el mundo. Capitanea la diplomacia norteamericana y está arriba de toda la jerarquía de los servicios de inteligencia. Con semejantes herramientas a su servicio, les notificó a los europeos que las organizaciones internacionales –la ONU, en primer lugar– tienen que ser reconstruidas por completo, que los intereses nacionales están por encima de un idealizado “orden global” y, sobre todo, que si su país no obtiene apoyo de sus socios, actuará de todas maneras para preservar “los valores de Occidente”.
El reto es armar este rompecabezas doctrinal con las fichas que impone Trump, que cada día desorganiza o directamente desbarata el tablero. Si Rubio habla de los valores de Occidente, su jefe no oculta su admiración, e incluso subordinación, hacia el gran enemigo del viejo continente, Putin. Europa está inerme ante el déspota ruso, y se acostumbró a que Estados Unidos le resuelva sus incapacidades militares defensivas. Trump ya no está dispuesto a eso, y de allí que antier Macron y Meloni hayan hablado de empezar a negociar personalmente con el matón del Kremlin.
Los analistas sí reconocen, dentro de la imprevisible ruta política de Trump, que su discurso es directo, áspero y despojado de los tradicionales eufemismos diplomáticos. Con su intervención en Venezuela no ha hablado de “defensa de la democracia” o “protección a los derechos humanos”. Ni, de forma directa, “liberación inmediata de los presos políticos”. La línea argumental se ciñe a dinero, negocios y petróleo. Llama la atención que, ante su imprevisibilidad y su ausencia de valores democráticos, casi nadie haya mencionado la posibilidad de que el sátrapa capturado en Caracas el pasado 3 de enero sea indultado antes de que el “nuevo mejor amigo” de Petro abandone la Casa Blanca.
¿Prevalecerá el discurso realista de Rubio, o los súbitos caprichos de Trump?
P.D.: Juan Guillermo Jaramillo, en amena y fraternal camaradería de conversadores de la tertulia de Hatoviejo, exponía sus criterios con claridad y firmeza. Toleraba las discrepancias. No hacía alarde de sus éxitos empresariales, profesionales, cívicos. Hizo del consejo de Papini su código: “alumbrar mientras se vive”.
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David E. Santos Gómez