“La inteligencia (principio, a la vez del conocimiento verdadero y de la acción buena) establece el acuerdo entre los hombres y el del hombre con el orden universal”. Anaxágoras

Inicialmente, no había vida. Luego, surgió ésta. Más tarde, apareció el Homo sapiens.

¿Sapiens? Sí, aunque haya individualidades extremas que muestran y demuestran que no tienen en sí el don maravilloso de la sapiencia, de la sabiduría, del intelecto. Entre los extremos, un abanico de variantes.

Tan “sapiens” es que aprendió a convivir, a coexistir y hubo la necesidad de establecer cánones para que reinara la armonía en pro del progreso exitoso: las organizaciones (familiares, comunitarias, religiosas, financieras, productivas), la exploración del cosmos, los viajes extraplanetarios y quién sabe qué más. Mientras se da ese “qué más”, vale precisar cómo se llegó a lo presente: a la aldea global y a la era digital (la del cero y el uno, la de lo existente e inexistente, la de hacer y no hacer, la de ser y no ser).

Para eso ha tenido que existir un punto de inflexión, un hito que marcó un final y un nuevo inicio.

¿En dónde se dio ese hito que demarca la evolución del mundo occidental, quiénes lo hicieron?

La primera respuesta a ofrecer es que se dio en el oriente, con precisión: en el medio oriente. Sí, es así: en este planeta, la cultura occidental nació más al este del meridiano que marca la división geográfica del mundo en sus dos mitades: oriente y occidente.

Acaso, ¿en Alemania, Italia o Suiza? En ninguno, a pesar de ser países orientales. Sí, orientales, pues están al este del Meridiano de Greenwich; lo que pasó es que ésos y otros países orientales adoptaron lo que se denomina “cultura occidental”. Entonces, ¿en dónde nació esta cultura? Sencillo: en la antigua Grecia de la costa del Asia Menor.

En la Grecia de los minoicos, los sofistas, los escépticos, los atomistas, los socráticos, los platónicos, los neoplatónicos, los aristotélicos, los estoicos, los pitagóricos, los eléatas y más; en fin, en la tierra de pensadores esplendorosos: ¿cómo nombrar a todos los que dieron origen a la filosofía que se extendió desde esa costa mediterránea? Ellos tuvieron conciencia, hablaron con el mayor respeto de la ciencia y la civilización dejando un saber enciclopédico que llegó a brillar en Atenas; a la sazón: lugar magnífico de cita inmortal del fulgor basal incomparable del conocimiento verdadero. Luego, fue Alejandría el teatro en donde se dio la fusión de ciencia y civilización que conquistó al mundo. Ésa es el ideario que ha creado lo actual y su desenvolvimiento hacia el porvenir cuya preparación pide siempre la preciosa ayuda luminosa de la doctrina policromática que es la filosofía griega siendo fuente inagotable de sabiduría que -triunfando sin límites crece perpetuamente- hace que se tienda hacia la perfección suprema de todo para aprender a conocer la realidad.

¿Qué tiene que ver la filosofía con lo organizacional, porqué explayarse en esa temática en este espacio? Así como “el médico que sólo de Medicina sabe… nada sabe”, el gerente-líder que sólo de gestión y liderazgo sabe … ¡nada sabe!

Acá es donde entra el evolucionismo: conviene ser evolucionista y es bueno saber cómo empezó la evolución que hasta ahora ha llegado a lo presente y seguirá hacia el futuro (un inexistente) que debe ser forjado con base en lo que determinó lo actual bajo la tradicional apariencia cambiante del mundo: lo que hay aquí, una floración maravillosa que se sigue dando gracias a las circunstancias particulares que se han ido mostrando favorables a su aparición, donde la perfección no es un resultado, sino un principio (algo que es racional, como lo es todo en la evolución universal: una meta lograda es la base del inicio del logro de otra).

Acaso, ¿es así -o: no- en lo organizacional, con base en el espíritu del emprendedor que es gobernado por la ley de armonía total del movimiento? Esa ley da el modelo del conocimiento más hondo y verdadero por el cual se manifiesta el pensamiento y el accionar: una ley concorde con la marcha del universo animado.

Tales de Mileto dijo “la vida integra en sí un principio de movimiento”. Las organizaciones viven, por ende, se mueven: crecen, se desarrollan y en ellas se genera un calor que ha de ser “un fuego eternamente vivo” (Heráclito), de cuya transformación energética es de donde se produce todo y da espacio para dos caminos: el que asciende (el del combate, padre de todo) y el que desciende. Nada es estable, lo que parece mantenerse igual, en realidad cambia: organización que no avance y se optimice, cae irremediablemente en la inercia, en lo inmóvil, el torpor y termina inerte, fría. La existencia real y viviente no se halla en la neutralidad donde se borran las diferencias.

La sabiduría consiste en reconocer la razón como la potencia que lo gobierna todo; de aquí que el sabio comprende la necesidad de que todo sea exactamente como debe ser: el esfuerzo de todos debe mantener vivo ese fuego cultivando la ciencia (el conocimiento verdadero de la realidad) y la sabiduría para llegar a grandes transformaciones, como lo propuso Pitágoras: todo bien ordenado y en armonía, obedeciendo la ley del número. Se oye decir “Dios se expresa por medio de los números”; acaso, ¿deriva de Dios y de Pitágoras que el control de gestión se base en los números compuestos del álgebra de la aplicación de la estadística (en lo limitado y lo ilimitado) para llegar al orden y la determinación? Téngase presente: los números hacen inteligible todo y engendran un conocimiento claro y expresan la propia esencia de todo en tanto que participan en su soberana realidad: son los finales que hacen perceptibles las raíces invisibles de las cosas y -a la vez- son los principios eternos que llevan a decisiones referentes al orden, al desorden, al control, al redireccionamiento y la armonía.

Lo anterior no da dudas, como lo dijo Parménides: “Una sola y misma cosa son el pensamiento y la existencia”, pues la segunda da origen al primero, sin aquélla es imposible éste, ya que ¿cómo decidir para actuar ante un inexistente o no detectado?

Tal díada filosófica es indivisible, es absolutamente plena y es la base para que se haya logrado el avance que creó la aldea global con sus tecnologías de la era digital y sus organizaciones con líderes inteligentes que buscan la excelencia ¡en todo y con todo para seguir penetrando armónicamente hacia el futuro al compás del espacio-tiempo de Einstein: el universo!

Escuche el micro.-programa “Gerencia en Acción” todos los días a la 1.30 PM por Max 929 o por www.maxfm929.com

Chichí Páez
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Gerencia en Acción: ¿Cómo y porqué se llegó a la aldea global y a...

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26.09.2022

“La inteligencia (principio, a la vez del conocimiento verdadero y de la acción buena) establece el acuerdo entre los hombres y el del hombre con el orden universal”. Anaxágoras

Inicialmente, no había vida. Luego, surgió ésta. Más tarde, apareció el Homo sapiens.

¿Sapiens? Sí, aunque haya individualidades extremas que muestran y demuestran que no tienen en sí el don maravilloso de la sapiencia, de la sabiduría, del intelecto. Entre los extremos, un abanico de variantes.

Tan “sapiens” es que aprendió a convivir, a coexistir y hubo la necesidad de establecer cánones para que reinara la armonía en pro del progreso exitoso: las organizaciones (familiares, comunitarias, religiosas, financieras, productivas), la exploración del cosmos, los viajes extraplanetarios y quién sabe qué más. Mientras se da ese “qué más”, vale precisar cómo se llegó a lo presente: a la aldea global y a la era digital (la del cero y el uno, la de lo existente e inexistente, la de hacer y no hacer, la de ser y no ser).

Para eso ha tenido que existir un punto de inflexión, un hito que marcó un final y un nuevo inicio.

¿En dónde se dio ese hito que demarca la evolución del mundo occidental, quiénes lo hicieron?

La primera respuesta a ofrecer es que se dio en el oriente, con precisión: en el medio oriente. Sí, es así: en este planeta, la cultura occidental nació más al este del meridiano que marca la división geográfica del mundo en sus dos mitades: oriente y occidente.

Acaso, ¿en Alemania, Italia o Suiza? En ninguno, a pesar de ser países orientales. Sí, orientales, pues están al este del Meridiano de Greenwich; lo que pasó es que........

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