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La Copa de la FIFA, el coliseo global

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07.09.2026

El Mundial de 2026 llevará miles de millones a las arcas de la FIFA, un organismo con más miembros que la ONU y con un poder –político y económico– que eclipsa al del propio Comité Olímpico Internacional. Las finales de 2022 y 2026 las vieron 1.400 millones de personas, según la FIFA. Y es solo el principio. Con India y China como próximas fronteras a conquistar para convertir al torneo en un verdadero coliseo global, la diplomacia deportiva va a tener nuevas cartas que jugar en el terreno del soft power.

La UE tiene varios ases en la manga, entre ellos la exportación del admirado modelo de formación de jugadores de sus grandes potencias futbolísticas. Entre los 48 equipos que jugaron este año, 99 de sus jugadores nacieron en Francia y 54 de ellos en el área metropolitana de París, la región más prolífica del mundo en el desarrollo de talento futbolístico.

Un puñado de clubes y academias europeas sustentan el mejor fútbol que se juega actualmente. Futbolistas formados en la cantera del Manchester City jugaron en 10 selecciones diferentes. La academia del Arsenal formó jugadores de ocho selecciones ; la del Paris Saint-Germain a siete y la del Bayern de Múnich a cinco.

La del Ajax de Ámsterdam contó con más exalumnos que cualquier otra: 17, repartidos en cinco selecciones. De la del Barcelona salieron, entre otros, Lamine Yamal. Dani Olmo y Pau Cubarsí. En un solo mes, Estados Unidos, Canadá y México, los tres países anfitriones, albergaron eventos equivalentes a 104 Super Bowls de la NFL con un impacto económico global de 80.000 millones de dólares.

Su mayor inversión fue en imagen y prestigio, no en negocios. En 1994, cuando el torneo llegó a Estados Unidos por última vez, la FIFA prometió a las ciudades que acogerían el campeonato, entre ellas Chicago, beneficios de 4.000 millones. Entre todas perdieron 9.300 millones. En 2019, el entonces alcalde de Chicago, Rahm Emanuel, no mordió el anzuelo de la FIFA, que quiso que en el Soldier Field se jugaran varios partidos del torneo. No le salían las cuentas.

Para negociar con Donald Trump, la FIFA le aseguró que la Copa aportaría 17.200 millones de dólares a la economía. De hecho, entre el 11 de junio y el 19 de julio, los ingresos de hoteles, restaurantes y bares tuvieron sus dos mejores meses en muchos años. El Wall Street Journal, sin embargo, citó a un experto en economía deportiva, Victor Matheson. “La Copa nos hizo felices, pero no hay pruebas de que nos haya hecho más ricos”, les dijo.

Cuarenta partidos adicionales en 2026 en los gigantescos estadios de los Dallas Cowboys, los New York Giants y otros equipos de la NFL significaron muchas más entradas a la venta: 6,7 millones, frente a las 3,2 millones de Qatar 2022.

Pero el verdadero valor de albergar el Mundial es intangible. En una época en la que la exhibición de patriotismo no es muy políticamente correcta, en el torneo se lucen sin complejos banderas, himnos y escudos nacionales. Durante los partidos en Estados Unidos, hubo tantos fans luciendo la camiseta de las barras y las estrellas que las gradas parecían banderas flameando.

Aunque el departamento de Estado suspendió los visados de turismo a 39 países, entre ellos Haití, Irán, Costa de Marfil y Senegal, que participaron en el Mundial, los visitantes elogiaron casi unánimemente la hospitalidad de los tres anfitriones, una forma de poder blando que Washington parecía haber perdido con Trump.

Boston, Miami, Los Angeles y las demás ciudades mundialistas demostraron ser mejores diplomáticos que el gobierno federal. En su cuenta de Instagram, Gianni Infantino, se dirigió a quienes “detrás de sus plumas y pantallas difundían odio y rumores falsos”, la FIFA estaba en primera línea organizando y ofreciendo el mejor espectáculo del mundo . Al menos lo fue en números.La ampliación de 32 a 48 equipos amplió la audiencia como nunca antes, convirtiendo los estadios en tribunas para todo tipo de reivindicaciones políticas, incluida la de la figura de Patrice Lumumba por un aficionado congoleño que hizo de estatua humana del líder anticolonialista durante los partidos de la RDC.

Al ser una nación global, cada país tiene su propia diáspora en Estados Unidos: bosnios en Saint Louis, marroquíes en Queens, haitianos en Miami, franceses en Chicago. Cuando la selección de Argelia llegó a Kansas, la banda de música de la universidad local la recibió tocando su himno nacional.

En México, las camisetas verdes enfundaron hasta las imágenes de la catedral capitalina. En Seúl, el entrenador surcoreano necesitó protección policial por regresar a casa sin haber logrado superar la fase de grupos.

¿Un deporte........

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