Una región sin voz

No fue un desliz retórico. Fue la proclamación prepotente e ilegal que pisotea el derecho internacional mediante el cerco económico, financiero y diplomático que su gobierno le ha infligido a Cuba, en particular desde fines de enero cuando emitió la orden ejecutiva que impuso aranceles a las importaciones de países que exporten petróleo a la isla. El derecho internacional no otorga la facultad de imponer sanciones económicas a terceros Estados por participar en un comercio lícito con otro país soberano.  La perversidad de la medida es tan condenable como la incapacidad de América Latina y el Caribe de manifestarse y condenarla de forma determinante y unánime, expresar su solidaridad con el país agredido y exigir su derogación con apego al derecho internacional. 

La Declaración de Bogotá, un manifiesto declarativo de 35 puntos, resultante de la X Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y caribeños (CELAC), emitida el 21 de marzo, no logró una posición consensuada con respecto a Cuba. Los países del recientemente creado Escudo de las Américas avalaron la política estadounidense de asfixiar a la población civil de la isla con el fin de reemplazar al gobierno por otro funcional a sus intereses.

De los 33 presidentes convocados sólo participaron el anfitrión, Gustavo Petro, y el uruguayo Yamandú Orsi, quien recibió la presidencia pro tempore, Lula da Silva, Ralph Goncalves de San Vicente y las granadinas, y el primer ministro de Guyana, Mark Anthony Phillips.  Así, la CELAC ha pasado de ser un bloque que nació para ser un contrapeso a la política de Washington, a uno en el que un coro de semi mudos que esperan instrucciones de la Casa Blanca tiene creciente contrapeso. Por eso Trump puede asfixiar a la población cubana o bombardear la capital venezolana y secuestrar a su presidente, sin que su foro más abarcativo rechace tajantemente esos delitos, independientemente de las críticas que puedan hacerse a los gobiernos agredidos. 

Las nuevas sanciones y el bloqueo del combustible han agravado la vida diaria en Cuba. El transporte público está semiparalizado, los viajes interprovinciales restringidos y varias aerolíneas internacionales han reducido sus frecuencias por la incertidumbre con el reabastecimiento de combustible. Los apagones por déficit de generación eléctrica, que en algunas zonas del interior del país superan las 12 o 15 horas diarias, tienen impacto en los tratamientos hospitalarios (intervenciones quirúrgicas, diálisis, radioterapias, quimioterapias, entre tantas otras), así como en la refrigeración de alimentos. Asimismo, el envío de dinero a Cuba se ha convertido en un desafío........

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