Optimismo y esperanza del cine |
Optimismo y esperanza del cine
George Lucas junto a Mark Hamill durante el rodaje de “La guerra de las galaxias”, en 1977.
In Memoriam – Adolfo Aristarain
La Seminci decicará su retrospectiva al papel esencial del sonido en el cine
Un universo lleno de estrellas
Llegó el cumpleaños de mi hermano y como siempre no sabía que regalarle. En esa situación hay que refugiarse en los libros. Regalar libros. No se me ocurre nada mejor. Y afortunadamente este año iba a acertar de pleno. Había leído críticas muy positivas de un tebeo llamado “Las guerras de Lucas”. No tardé en ir a la librería a buscarlo y no me importó demasiado el precio un tanto desproporcionado. Lo bueno es que el tebeo tenía una pinta formidable.
Mi hermano quedó un poco sorprendido con el regalo pero rápidamente lo leyó. Inmediatamente me dijo que era un tebeo en el que había más de lo que parecía y que yo también debía leerlo. El libro trata fundamentalmente de las peripecias de George Lucas previas al gran éxito de “La guerra de las galaxias”, ahora comúnmente llamada “Star Wars”.
Al mismo tiempo del regalo, viéndome un tanto atascado en mis escritos, mi madre me dijo que tenía que escribir, que basarme en mis cosas propias.
George Lucas. Tardé en familiarizarme con ese nombre. Había algo mucho más grande que él, su propia creación. Y sin creación no existe nada, dice Hayao Miyazaki. Y este escrito también es creación. Y en ella me sitúo con once años, en algún sábado o algún festivo. La familia ha salido y nos reunimos con mis tíos y mis primos. A mi primo Carlos le van las trastadas y andamos alborotados por la calle. Mi tío Baldomero es todo vitalidad y empuje y quiere llevarnos a alguna cafetería que conoce. Seguramente pretende tomar su ginebra con coca-cola y fumar y fumar. Pero parece que andamos perdidos y no acabamos de encontrarla. Posiblemente Baldomero no acierta en su expedición. Pasamos por la sala de cine quizá más atractiva y me quedo mirando el título de la película y los horarios de las sesiones.
El título me deja estupefacto: “El retorno del Jedi”. ¡¿Qué título era aquél?!
Era un título para nuestra infancia. Podría serlo. Para la mía. Y las películas no son sólo películas. No pueden serlo, no pueden simplemente esfumarse. ¿Por qué esta película y no otra? ¿Es todo eso importante?
No olvidé el título. De algún modo lo retuve, olvidé toda aquella tarde pero el tal retorno del título quedó presente, posiblemente hasta aquél verano o el verano siguiente, en el que la película se programó en el Cine Pineda. Sí, sí, mi cine sin techo de la infancia. En los carteles sólo se anunciaba la película de aquél día y del día siguiente. A por ella.
No sé con qué soñaría aquella noche. Posiblemente con Vader, pero más posiblemente con ese héroe, ese joven que manejaba una espada de luz. Luego empecé a llamarla sable láser. Y Luke Skywalker entraba en duelo con Vader. Pero yo andaba un tanto perdido porque parecía que me estaba perdiendo parte de la........