Manuel Menchén, el pincel más artesano del río Tormes

Manuel Menchén, el pincel más artesano del río Tormes

Investigando la letra “P” en el “Deletreadero”.

“La hispano-tlaxcalteca, fue una alianza pragmática y mutuamente beneficiosa que cambió la historia del continente”

“Una vez que hemos asumido que hay que proteger la naturaleza, el siguiente paso es recuperar especies que extinguimos”

La vida y el trabajo de los gabarreros en 70 fotografías de gran formato

Manuel Menchén Ozaita (Madrid, 1965) demuestra un talento singular en sus múltiples trabajos como ilustrador, pintor, fotógrafo o creador de espacios radiofónicos y cinematográficos, disciplinas que engloba bajo la categoría de “artesano”. Ha colaborado durante su carrera con prestigiosos ilustradores y publicado en grandes medios nacionales e internacionales, sobre todo trabajos centrados en el mundo natural, caracterizados por una extrema precisión y conocimiento de lo plasmado con su pincel.

El vasto universo creativo construido durante décadas hace imposible encasillar a Menchén, pero sus obras dan cuenta de las inquietudes artísticas que guían cada paso de este artesano multidisciplinar. Nacido en Madrid, se afincó hace treinta años en un pequeño pueblo de Salamanca (Puente del Congosto, 223 habitantes), al que acudía los veranos en su infancia, esa patria que nunca abandonan los más grandes. Desde allí explora con imaginación desbordante todo lo divino y lo humano. Ahora regresa a su “edad de piedra”, con pinturas realistas sobre cantos salmantinos tras un largo paréntesis en el que no han cesado sus investigaciones en busca de las raíces telúricas de la humanidad. Ha puesto su foco en conchas, puertas y seres mitológicos, y en esta entrevista explica la trastienda histórica y geológica de sus obras.

—¿Cuándo empezaste a sentir atracción por el mundo artístico?

—Cuando los demás dijeron ‘parece que este niño tiene atracción por el mundo artístico’. Ahí soy consciente.

—¿Cómo fue tu primera conexión con el mundo editorial?

—Mi padre trabajó en Bruguera, en Montena-Mondadori. En ese momento, con los buenos libros que maneja mi padre, es cuando más me intereso por la ilustración. Precisamente, Antonio Grajera vio un dibujo mío que llevaba mi padre en una carpeta y a los pocos días me encuentro inmerso en un sueño: estar dibujando gnomos. Y además, asesorado artísticamente por Grajera, ilustrador consagrado en trabajos sobre naturaleza, antropología, de todo.

—¿Cuántos tiempo estuvisteis haciendo esos trabajos?

—Unos tres años, con los gnomos. Y luego llegaron los Bobobobs y más cosas. Desde ahí, formamos un grupo que hemos ilustrado sobre todo guías de aves y también muchos trabajos para centros de interpretación en toda España. Fauna, toda la fauna ibérica. También fue crucial el contacto con Enrique Almendros como ilustrador, junto a la maravilla de haber compartido su música justo en el momento en que nació el grupo folk La Musgaña.

—¿Cómo surge la idea de pintar sobre piedra?

—Se debe a mi pasión por la pintura rupestre, sin duda. Creo que una de las primeras cosas que pinté fue en algún rollo del río Tornes. Recuerdo que alguien me comentó que existía una piedra de Salamanca que se corta con sierra, a mano. Estaba descubriendo la famosa piedra que sustenta toda Salamanca, la piedra........

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