Guastavino, el valenciano que llevó el Mediterráneo hasta Nueva York |
Guastavino, el valenciano que llevó el Mediterráneo hasta Nueva York
Rafael Guastavino Moreno.
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Rafael Guastavino es prácticamente un desconocido en nuestro país, pese a que sus obras han modelado en gran medida los contornos de Nueva York. Este valenciano partió con casi 40 años rumbo a Estados Unidos, sin saber una palabra de inglés ni contactos, y en poco tiempo se alzó como un referente de la arquitectura pública en Estados Unidos. El secreto del éxito residía en su conocimiento de las antiguas tradiciones para la construcción en el Mediterráneo, justo lo que necesitaba la ciudad más poblada de la superpotencia en el momento de su despegue.
El valenciano Rafael Guastavino Moreno (1842-1908) decidió trasladarse muy joven a Barcelona, donde se formó y comenzó sus trabajos como arquitecto con el apoyo de uno de sus tíos. En 1881, cuando frisaba los cuarenta años, cruzó el Atlántico y se instaló en Estados Unidos para no regresar jamás. Para pagar ese viaje había jugado sucio, porque ese mismo año se había implicado en una estafa mediante pagarés que le permitió reunir una cifra cercana a los 40.000 dólares, según algunas fuentes. Tras la marcha junto a uno de sus hijos, la justicia barcelonesa dictó contra él una orden de busca y captura por alzamiento de bienes, si bien hubo también razones de índole amorosa en su salida de España.
Lo más importante del equipaje que llevó al otro lado del charco Guastavino era un aprendizaje que contribuyó a dar forma a la ciudad más pujante del mundo: Nueva York. En concreto, Guastavino aprovechó su dominio de un sistema peculiar para colocar ladrillos que hundía sus raíces en la tradición constructiva mediterránea. Podría decirse que hay una similitud entre este sistema para bóvedas llegado de España y la construcción del iglú en los pueblos inuit del Ártico, porque ambos comparten formas curvas y se apoyan en la compresión que, en el caso valenciano, conduce las cargas hacia los apoyos.
Esa técnica ignota en Estados Unidos triunfó de inmediato y dejó huella sobre algunas de las construcciones más reconocibles de la Gran Manzana y de otras grandes ciudades, como Boston. Se calcula que la empresa que fundó y continuó después su hijo participó en más de un millar de proyectos en Norteamérica.
Millones de estadounidenses caminan hoy mismo bajo las bóvedas que impulsó Guastavino, aunque casi nadie conoce su nombre. Uno de los espacios más transitados en Manhattan, la Grand Central Terminal, nació en 1913 de estos sistemas tradicionales que se empleaban en el litoral valenciano. Pero la lista de sus edificaciones podría absorber todo el espacio de estas páginas: Carnegie Hall, la antigua estación de City Hall, la catedral de Saint John the Divine o el puente de Queensboro (inmortalizado en muchas películas). Todas existen por el aliento creativo de Guastavino. En los cinco distritos que estructuran Nueva York, sobreviven más de doscientas estructuras relacionadas con Rafael Guastavino y su hijo.
La bóveda tabicada característica de su estilo constructor no era un invento en sentido estricto de........