Cuando la música se va a otra parte |
Cuando la música se va a otra parte
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El contacto directo de las bandas con sus públicos es uno de los mayores atractivos de la experiencia musical. La música en vivo alcanza un vuelo especialmente emocionante en los conciertos o festivales, cuando la sintonía entre ambos lados del escenario fluye e inunda de energía a los participantes en la ceremonia. Sin embargo, a veces el deseado encuentro degenera hasta la ruptura definitiva de los artistas con el suelo que pisan y juran no regresar nunca más allí. Menudean en la historia de la música popular estos enfados que a veces llegan hasta las últimas consecuencias y los ofendidos jamás vuelven a actuar en el lugar de los hechos. Pero en bastantes casos la irritación se diluye con el tiempo y algunas bandas regresan al lugar del “crimen” artístico.
Los motivos que desencadenan los choques creativos sin reconciliación posible con un determinado territorio o público local pueden ser muy variados. Abarcan desde incumplimientos contractuales hasta actitudes irrespetuosas de la audiencia (y viceversa), pasando por desvaríos de los músicos en su alocada existencia sobre las carreteras, actitudes políticas o conflictos con las autoridades, entre otros muchos. La capacidad de decidir de los artistas, incluido el derecho de veto, aparece como telón de fondo en estas situaciones que se han repetido desde hace décadas en el mundo del espectáculo.
Algunos grandes músicos no volvieron a pisar la tierra donde se sintieron ultrajados. Nat King Cole (1919-1965) protagonizó uno de los desencuentros más lamentados. El artista afroamericano nació en Montgomery (Alabama) y, como tantos sureños, de niño marchó con su familia a Chicago para buscar mejores condiciones de vida. Logró su primer número uno en la lista de r&b de Billboard en 1944, gracias a su composición Straighten Up and Fly Right. Escribe Bob Stanley en su libro Let’s Do It que sus siguientes lanzamientos “se vendieron como rosquillas, y la voz fue cobrando todo el protagonismo”. Añade que este pianista también “era para muchos el mejor cantante de América”, llegando en poco tiempo a la cumbre en el mundo del espectáculo, con audiencias integradas tanto por blancos como por negros, hasta el punto de vender durante su carrera cerca de 75 millones de discos.
Pero algo ocurrió en una de sus giras, durante un concierto en Birmingham (Alabama), el 10 de abril de 1956. Cinco blancos racistas subieron al escenario para boicotear la actuación, bajo un clima de segregación racial que impedía la presencia de público negro en la sala. Uno de los supremacistas golpeó a Nat King Cole y el músico cayó de bruces, sufriendo una lesión en la espalda. Declaró a la prensa que era “un caso muy excepcional. No me lo he tomado como una afrenta personal”, explica Stanley, pero “entre bastidores se le escuchó decir ‘Me encanta actuar, pero no quiero morir por ello’. Jamás volvió a Alabama.
Justo una década después, en pleno........