Credo

Cuando Juan el Bautista vio aparecer por primera vez a Jesús en el río Jordán, utilizó una expresión que, para los que nos estén familiarizados con el lenguaje cristiano, puede resultar muy extraña: “Este es el Cordero de Dios”. ¿Qué quiso decir con esto?

Para los que escucharon estas palabras, estaba muy claro. Sabían que se refería a la celebración de la Pascua, la fiesta con la que el Pueblo de Israel hacia memorial de la liberación de Egipto. En esta fiesta, según leemos en el libro del Éxodo, cada familia debía elegir un cordero y sacrificarlo al atardecer para cenarlo juntos esa noche. Y no valía un cordero cualquiera. Tenía que ser un cordero inmaculado, sin defectos. No se puede pretender ofrecer a Dios lo que nos sobra. Pero, además, esta falta de defecto en el cordero no se refería sólo al aspecto físico, sino también al carácter del cordero. Se buscaba un cordero que fuera dócil, que se dejara atar sin revolverse. Así se recordaba otro........

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