Fernando Franco Jubete, el ingeniero palentino que quiso salvar la memoria culinaria de Castilla y León

Fernando Franco Jubete habla de gastronomía como otros hablan de historia o de identidad. Con precisión, con memoria y con una convicción firme: lo que comemos dice quiénes somos y de dónde venimos. Ingeniero agrónomo, doctor, catedrático jubilado de la Universidad de Valladolid y divulgador incansable, acaba de culminar uno de los proyectos más ambiciosos que se han escrito nunca sobre la cocina de la Comunidad, el ‘Tratado de Gastronomía de Castilla y León’. Dos tomos de historia, reflexión y recetas, y una idea que atraviesa toda la obra como un hilo conductor: la gastronomía no es solo placer, es patrimonio cultural y debe ser protegida como tal.

La obra, ya disponible en librerías, se divide en dos volúmenes claramente diferenciados. El primero, ‘Historia de la Gastronomía de Castilla y León’, aborda la evolución de la alimentación desde los pueblos prerromanos hasta la actualidad, analizando cómo la agricultura, la ganadería, la economía y la sociedad han ido modelando los platos que hoy consideramos tradicionales. El segundo, ‘Recetario de cocina de Castilla y León’, recoge más de doscientas recetas representativas de las nueve provincias, elaboradas, contrastadas y contextualizadas por el propio autor.

No se trata de un libro más de cocina. Tampoco de una mera recopilación de recetas populares. Franco Jubete ha querido ir mucho más allá. “Nadie había escrito sobre la historia de la gastronomía de Castilla y León interpretando la evolución de nuestra alimentación, de nuestra agricultura y de nuestra cocina”, explica. Hasta ahora existían trabajos parciales, estudios antropológicos o recetarios inconexos, pero faltaba una visión de conjunto que explicara cuándo, cómo y por qué se formaron las señas de identidad gastronómicas de la Comunidad.

El germen de este tratado se remonta al año 2009, al II Congreso de Gastronomía de Castilla y León. Aquel encuentro puso sobre la mesa una cuestión clave, como era la necesidad de salvaguardar el patrimonio gastronómico y de poner en valor el recetario tradicional, incluso promoviendo la declaración de Bien de Interés Cultural o Turístico para las recetas más representativas de cada provincia. La idea quedó en el aire. En congresos posteriores, el debate se desvió hacia otros asuntos (las redes sociales, la modernización de la........

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