LA CONTRAVERSIA DEL PALACIO DE QUINTANAR
LA CONTRAVERSIA DEL PALACIO DE QUINTANAR
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Ubicado en el ángulo en el que se estrecha la calle de San Juan en su encuentro con la de San Agustín y en la acera opuesta a la Diputación, el palacio de Quintanar constituye ahora mismo ese oscuro objeto de deseo, en la polémica desatada con rabiosa actualidad por el posible cambio de uso que sobre él se proyecta. Siempre ha sido una discusión recurrente entre los advenedizos urbanistas segovianos, decidir cuál de los dos edificios debería ser derribado para evitar el estrangulamiento de la vía pública. Paradójicamente, puede que el destino les mantenga unidos en el futuro, si finalmente se confirma la cesión de uno de ellos para ser utilizado por la institución que tiene su sede en el otro.
Al parecer, están ya muy avanzadas las gestiones para ceder el uso del inmueble a la Diputación de Segovia, por parte de la Junta de Castilla y León, titular actual del mismo quien a su vez le recibió incluido dentro del paquete de transferencias efectuado por el Estado en materia cultural, a mediados de la década de los ochenta del pasado siglo XX. La idea de la Corporación provincial es trasladar al adyacente palacio de Quintanar los departamentos de Cultura y Turismo, actualmente en la calle de San Francisco y ahorrarse el elevado alquiler que viene abonando a la Cámara de Comercio por la utilización de las dependencias de la Casa del Sello, con un gasto anual por encima de los 100.000 euros. Pero sobre todo se pretende fijar en él la sede permanente del Instituto de la Cultura Tradicional Segoviana “Manuel González Herrero”, como un centro cultural dinámico dedicado a la investigación, divulgación y conservación de las tradiciones populares de la provincia, con salas de exposiciones de colecciones de alto valor etnográfico. La idea es seguir en parte el modelo que la diputación vallisoletana, a través de la Fundación Joaquín Díaz, tiene instalado en Urueña.
La cesión no puede ser más ventajosa para la Diputación pues no tendría que abonar cantidad alguna en concepto de alquiler. Desde esta perspectiva parece todo ello razonable, lógico y plausible, que dos administraciones públicas que ejercen sus competencias sobre el mismo territorio y que están condenadas a entenderse, puedan llegar a concertar en simbiosis acuerdos de este tipo en beneficio de ambas. El problema surge porque cuando se lleve a la práctica la cesión del inmueble, ello conllevará la extinción de la actual concesión de la que viene gozando el centro de innovación para el diseño, el arte y la cultura moderna instalado en la misma sede del palacio Quintanar, desde hace ya casi 15 años y, por ende, entrañado con todos los honores en el tejido cultural de Segovia. Esta circunstancia ha desatado una fuerte oposición entre las élites culturales, que ha dado pie a críticas feroces y a la recogida de firmas para oponerse a la cesión del inmueble a la Diputación. Críticas vertidas especialmente en redes sociales y con el diputado de Cultura en el epicentro de la mayoría de ellas. Lo mejor que se ha dicho sobre la institución provincial es que manifiesta conductas caciquiles añejas propias de otros tiempos, además de “provincianas”, como un claro eufemismo de paletas.
Este problema convendría resolverle de la mejor manera posible en beneficio de todos con la búsqueda de soluciones que conduzcan a la permanencia del referido centro de diseño en Segovia, aunque fuera en otra ubicación diferente a la actual y que muy bien podría ser en otra instalación de la Junta, de quien ha venido dependiendo la tutela efectiva sobre esta actividad. Por ejemplo, ¿a qué uso se piensa finalmente destinar el palacio de la Reina Doña Juana (la esposa de Enrique IV, no la hija de los Reyes Católicos), ubicado a la espalda del Museo de Arte Contemporáneo “Esteban Vicente”, curiosamente propiedad de la Diputación y cuyas respectivas actividades pudieran complementarse de forma más idónea al pertenecer a estilos artísticos intercambiables?
En cualquier caso, la Diputación actúa en defensa de sus legítimos intereses al instar la cesión del Palacio de Quintanar y resulta de difícil comprensión que por ello pueda ser acusada de atentar contra la vida cultural de la ciudad, máxime cuando su principal competencia atribuida por ley, es la de prestar asistencia técnica, jurídica y económica a los municipios de su provincia con una población inferior a 20.000 habitantes. En la de Segovia todos, salvo su capital y, a pesar de ello, viene contribuyendo sistemáticamente en el desarrollo de las diversas actividades que tienen por escenario la ciudad de Segovia. Tildar de añeja a una institución propietaria del citado museo de arte contemporáneo, así como del teatro Juan Bravo, siempre dispuesto este último al servicio de la sociedad segoviana y a los que dedica importantísimas inversiones cada año, además del patronazgo que económicamente ejerce en la fundación del Museo Rodera Robles, parece todo ello excesivo y seguramente injusto, porque los principales destinatarios de sus actividades son los vecinos de la capital. Pero si la crítica principal se hace por la pretensión anunciada de fijar en el Quintanar la sede del Instituto de la Cultura Tradicional Segoviana, infravalorando y despreciando la labor que el mismo viene desarrollando en la recuperación del patrimonio inmaterial contenido en el acervo popular de la provincia de Segovia, ya no solo puede parecer injusto, sino también una incomprensible y absurda falta de respeto hacia otras manifestaciones culturales, con el mismo derecho a ser expuestas que cualesquiera otra, aunque aquellas carezcan del reconocimiento propio de las elites más exclusivas.
La cultura es un concepto universal en el que se puede y se debe integrar cualquiera manifestación artística, sin que debieran admitirse disputas cualificativas entre ellas para ver cuál debe ser más preponderante, sino respetarse mutuamente y complementarse en la medida de lo posible, sin exclusión alguna. Ínstense a las administraciones públicas para que procedan a la búsqueda de las soluciones precisas con el fin de que puedan convivir en armonía actividades culturales de muy diferentes estilos, y es justo que se consiga mantener en Segovia la actividad cultural ahora en riesgo, sería bueno para todos, pero no a consta de despreciar a las demás.
— * Miembro del Consejo Asesor del Instituto de la Cultura Tradicional Segoviana “Manuel González Herrero”.
