Las mujeres de Robe

Robe Iniesta, líder de Extremoduro.

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Beatriz es, probablemente, la mujer más espiritualizada de toda la literatura occidental. En la Divina Comedia, Dante la convierte en una figura casi sin cuerpo, una imagen angelical que lo conduce desde el Limbo hasta Dios. Beatriz no es la mujer de carne y hueso que Dante amó en vida; es lo que esa mujer ha llegado a ser una vez depurada de todo lo terrenal. Un escalón hacia lo divino que solo funciona dejando atrás el cuerpo.

Siete siglos después, en las canciones de un grupo de rock de Plasencia, una golfa que se tira de la cama en cuanto sale el sol cumple exactamente la misma función que Beatriz. Con una diferencia, ella no deja nada atrás. Ese pequeño detalle es en realidad una de las operaciones más finas de la música popular española.

La cultura occidental ha usado una y otra vez a la mujer como puente hacia lo trascendente. En el Banquete de Platón es una mujer, Diotima, quien le enseña a Sócrates en qué consiste el amor. Se empieza deseando un cuerpo hermoso y se termina, peldaño a peldaño, contemplando la Belleza misma. El cuerpo es el punto de partida pero es necesario soltarlo; la mirada no puede quedarse en la carne si quiere llegar a lo divino.

Dante lleva ese gesto al límite. La Beatriz real fue una muchacha florentina con la que apenas cruzó unas palabras y que murió joven; en la Comedia, Dante la resucita convertida en otra cosa, en la guía luminosa que lo lleva de la mano hasta la mismísima presencia de Dios. Ya no es la mujer que fue, sino su versión depurada, sin peso, sin cuerpo. Y la tradición repite ese movimiento durante siglos. Petrarca amará a Laura sobre todo cuando ya no pueda tenerla.

Aquí entra Robe Iniesta, líder de Extremoduro y, más tarde, autor en solitario. Su obra conserva intacta esa función. En sus canciones, una figura femenina sigue siendo la vía hacia el amor, la libertad o el sentido. Pero invierte de raíz su naturaleza. La que media ya no es un ángel ni una filósofa. Es una prostituta, una chica de una discoteca, una mujer de barrio.

Robe fue desde joven un lector voraz, de Homero a Galdós, y esa lectura está por todas partes en sus letras, donde asoman Machado, Lorca, Miguel Hernández, Bécquer, Neruda, Cervantes o Shakespeare. Lo llamativo es que esa alta literatura nunca aparece limpia; convive con la palabra malsonante, el........

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