Elegir el optimismo puede parecer menos intelectualmente sofisticado. Guerras, crisis de deuda, rivalidades geopolíticas, episodios inflacionarios, la Guerra Fría y el inminente espectro de la aniquilación nuclear caracterizaron la era que abarcó desde 1935 hasta 1970, epitomizando un mundo multipolar en desorden geopolítico. La caída de ciertas autocracias, el ascenso de otras, la reimaginación de las democracias, cambios sustanciales en la sociedad y un mundo rebosante de oportunidades marcaron este período. Presentó una ocasión extraordinaria para inversiones estratégicas en acciones, ofreciendo valiosas ideas sobre las posibles trayectorias para el S&P 500 en la próxima década.

En un mundo multipolar, este período sirve como un modelo para invertir en nuestro tiempo. Aunque existen inmensos desafíos geopolíticos, como Arabia Saudita-Israel vs. Irán, EE. UU. vs. China, Europa vs. Rusia y posibles interrupciones en las cadenas de suministro, también nos encontramos en una configuración donde hay incentivos para crear y renovar nuestro modelo de producción.

El optimismo, a menudo menospreciado como simple habilidad de ventas, contrasta fuertemente con la sabiduría percibida del pesimismo. Las conversaciones sobre hiperinflación, crisis del dólar o guerra pueden proyectar un aire de gravedad intelectual, pero a menudo fomentan la inacción y el miedo. Sin embargo, dentro del ámbito del optimismo, encontramos el ímpetu para explorar, elevar nuestras oportunidades y emprender un viaje incesante de aprendizaje. Ser optimista no implica ignorar los numerosos desafíos; más bien, significa un llamado a innovar y crear soluciones. En esencia, el optimismo trasciende la mera mentalidad, convirtiéndose en una fuerza estratégica que nos impulsa implacablemente hacia el progreso.

En el libro “Optimism Bias” de Tali Sharot, ella argumenta que el sesgo optimista nos protege de percibir agudamente los desafíos futuros, reduciendo así el estrés y la ansiedad. Al mismo tiempo, amplía nuestra perspectiva sobre las posibilidades de la vida, fomentando mejoras tanto en el bienestar físico como mental, al tiempo que amplifica la motivación para la acción decisiva y la productividad elevada.

A pesar de los riesgos existentes, fue un momento excelente para invertir en acciones y materias primas, aunque fue un período desafiante para los ingresos fijos. En un mundo multipolar, la clave es invertir en lo escaso y productivo, evitando, a toda costa, lo más abundante: la deuda.

QOSHE - Un escenario multipolar: navegando la ola de oportunidades en el universo de materias primas y tecnología - Guillermo Valencia
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Un escenario multipolar: navegando la ola de oportunidades en el universo de materias primas y tecnología

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16.01.2024

Elegir el optimismo puede parecer menos intelectualmente sofisticado. Guerras, crisis de deuda, rivalidades geopolíticas, episodios inflacionarios, la Guerra Fría y el inminente espectro de la aniquilación nuclear caracterizaron la era que abarcó desde 1935 hasta 1970, epitomizando un mundo multipolar en desorden geopolítico. La caída de ciertas autocracias, el ascenso de otras, la reimaginación de las democracias, cambios sustanciales en la sociedad y un mundo rebosante de oportunidades marcaron este período. Presentó una ocasión extraordinaria para inversiones estratégicas en acciones, ofreciendo valiosas ideas sobre........

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