Elige tu respuesta

El nuevo año es una puerta que se abre hacia lo desconocido. En la entrada, solemos dejar nuestras intenciones con esas metas, propósitos, planes cuidadosamente trazados. Y, sin embargo, lo sabemos, el mundo se mueve con su propia lógica. Y es justo aquí que puede servirnos el estoicismo, una filosofía nacida en las polis y pulida en el imperio, que vuelve una y otra vez como brújula para los ciclos que inician.

El estoicismo no es una promesa infranqueable; es un arte flexible. No exige renunciar a la emoción, sino comprenderla. No propone resignación, sino dignidad. Y, sobre todo, nos invita a concentrarnos en el corazón de nuestra libertad, en la mirada hacia adentro, la capacidad de elegir cómo pensamos, cómo actuamos y cómo interpretamos lo que nos ocurre. Y es allí, en ese pequeño margen entre el estímulo y la respuesta, donde vive lo que puede transformar un año entero.

Y es que los estoicos sugirieron una distinción fundamental basada en lo que depende de mí y lo que no. Y aplicarla es un ejercicio diario. No........

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