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La sombra del miedo

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22.05.2020

El desconcierto inicial, dio paso al pánico y a partir de ahí semanas y semanas “alarmados”, comprobando que se van yendo, que la vida se va disolviendo, que las residencias de ancianos son trampas mortales, y la responsabilidad se difumina en una culpabilidad colectiva.

Apreciamos a los profesionales esenciales, necesarios: sanitarios; agricultores; ganaderos; pescadores; camioneros; reponedores; cajeros; barrenderos… y peluqueros; además de los psicólogos; sin olvidar a los cuidadores de ancianos informáticos; científicos… miembros de las Fuerzas de Seguridad y del Ejercito y un largo etc. donde están desde gasolineros a periodistas.

Descubrimos que mucha gente tiene perro, y que también muchos corren en chándal. Adquirimos el hábito del telecolegio y teletrabajo. Emergió la nostalgia por la Naturaleza. Nos dimos cuenta de lo que significa deslocalización, al comprobar que en Europa no había mascarillas. Nos sorprendió la resurrección del Estado, con asunción del mando único, como servicio público, como proveedor de dinero, desbordando los nacionalismos.

Y dado que desde el primer día decayó el abrazo, me afané en la palabra viva, sabedor de que la actitud es fundamental y que nos aleccionó Don Quijote “confía en el tiempo, que suele dar dulces salidas a amargas dificultades”.

Obviamente entre disfrutar de libertad o estar confinados las conductas varían ¿y los pensamientos? ¿y los posicionamientos?

Claro que hay preguntas que todos nos hemos formulado, se refieren a cómo proteger a nuestros mayores de futuras crisis sanitarias, y qué hacer con nuestros últimos años de vida.

Muy posiblemente todos hayamos interiorizado que es un grave error priorizar el éxito material sobre otros aspectos esenciales, llámense valores o virtudes.

También mayoritariamente hemos añorado la Naturaleza y coincidido en que dado que hay problemas inevitables, lo que nos cabe es modular su significado.

Decía Borges que “el mundo es unas cuantas tiernas imprecisiones”, y yo me permito añadir, que estos tiempos extraños, donde la incertidumbre, la esperanza y el miedo se entrelazan nos invitan a aunar seriedad, simpatía, dolor y un tono que busca contribuir a sin olvidar, seguir viviendo.

Hemos compartido una conciencia subliminal, donde cuando todo se ha parado hemos percibido una sensación de alivio, simplemente al hacer menos, y ello pese a la mentira política que mantenía la falacia del estado de guerra.

Claro que cada uno de nosotros es un sistema de preferencias, a algunos nos atrae la construcción intelectual, el seducir para persuadir como recurso literario.........

© Diariocrítico


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