Relaciones en piloto automático

Relaciones en piloto automático

Llevamos semanas con la vista puesta en el cielo, pendientes de las últimas noticias sobre la lluvia y el viento. El agua, esa bendición que tanto hemos implorado para nuestros olivares, ha terminado por recordarnos que la naturaleza es indomable. Hemos visto cómo se ha transformado en herida; cómo el barro coloniza los caminos y la humedad se filtra por las rendijas de nuestras casas. Mientras nos afanamos en achicar el daño y la pérdida de las cosechas, quizás ignoramos que, en el mapa de nuestros afectos, también está lloviendo sobre mojado.

Nos hemos acostumbrado a convivir bajo una inercia anestésica. Al igual que el paraguas que desplegamos de forma mecánica al salir al umbral, hemos activado mecanismos de defensa que nos permiten estar cerca de los demás sin llegar nunca a tocarnos. Repetimos gestos que simulan una calidez que ya no habita en nosotros. Saludamos por costumbre, dialogamos por compromiso y nos convencemos de que la mera coincidencia física es suficiente. Sin apenas percibirlo, permitimos que........

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