Cuando dejamos de reptar |
Cuando dejamos de reptar
Hace meses que no tenemos noticias de Punch. ¿Recuerdan? Aquel mono japonés que había suplido con un oso de peluche el cariño de su madre. Lo último que supimos de él es que, poco a poco, comenzaba a ser aceptado por el resto de la manada y que incluso otra mona adulta se había empleado en despiojarle, una acción que, al parecer, en el ecosistema primate viene a significar algo muy bueno en lo que a los afectos se refiere. En definitiva: si todo ha ido como todos deseábamos cuando se asomaba a los noticiarios, a estas alturas ya no hay peluche y Punch se ha convertido en otro mono más y, sobre todo, en un mono más feliz. ¡Bendita reacción primaria, innata! ¡Bendito bebé que todavía camina erguido por la verdad! ¿No les parece? Porque, sin esa inocencia despoblada de dobleces, tal vez habría sucumbido al calor de los focos, como esos otros monos-humanos que, cada día, deciden vender su alma al diablo a cambio de una atención mediática que, de otra manera,........