Al Señor de Jaén

La tarde gris se asomaba a los balcones de la ciudad que transitaba tranquila, deambulaba en medio de la gente con su fresca mirada, a veces, derramando diminutas gotas que apenas llegaban al suelo, la llovizna dejaba su llanto en aquellas personas, que permanecían en una larga hilera, recorriendo el camino. Desde la plaza donde enmudecen las fuentes, las dos torres se rinden a la oración que custodia y guarda el emblema, símbolo y reliquia de la ciudad, el tesoro más preciado, de la muy noble y muy leal. Allí donde el arte ha preferido no pasar inadvertido........

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