Nadie quiere trabajar… como antes |
Durante décadas el trabajo no solo organizó la economía. Organizó la vida. Estudiar, entrar al mercado laboral, progresar y sostener ese ritmo no era solo una secuencia sino un acuerdo implícito. Exigente, pero entendible.
Ese acuerdo parece menos claro hoy.
Al conversar con profesionales jóvenes, queda la impresión de que la promesa cambió de significado. No necesariamente porque haya menos ambición, sino porque se expresa de otra manera: trayectorias que se interrumpen, cambios de rumbo más frecuentes, mayor disposición a sacrificar ingresos por tiempo o flexibilidad.
Desde parámetros tradicionales, estas señales resultan difíciles de leer. La explicación más inmediata es atribuirlo a una falta de compromiso. Es una lectura posible, pero probablemente insuficiente.
Un estudio muestra que menos de uno de cada diez jóvenes aspira a liderazgo como........