Propongo un diálogo para Algeciras y Campoalegre

Por: Sergio Trujillo,

Diputado Asamblea del Huila

Catorce homicidios en lo corrido de 2026 en Algeciras son más que una cifra. Son 14 familias golpeadas, 14 historias que se apagaron y una señal clara de que algo no está bien. En apenas tres meses ya vamos casi por la mitad de los 30 casos que dejó todo el 2025, el año más violento en una década para este municipio. Siete homicidios en febrero, cinco en enero y dos más en marzo, nos dicen que esto no es una alerta: es una realidad que duele.

Y en Campoalegre la situación no es diferente. Panfletos, homicidios y miedo en la gente. La alerta temprana habla de posibles disputas entre grupos armados, pero con lo que estamos viendo, ya no podemos seguir hablando en futuro. Esto ya está pasando.

Las mismas autoridades han explicado que esta violencia tiene mucho que ver con la ubicación geográfica de estos municipios. Algeciras, pegado a Caquetá, y Campoalegre, conectado con ese corredor, se han vuelto rutas importantes para mover drogas y no es una percepción personal. En el Huila, entre 2024 y 2025, se incautaron más de 75 toneladas de droga, y solo en 2025 fueron más de 39 toneladas. Y esta misma semana cayó otro cargamento: 1.6 toneladas de marihuana que iban ocultas en un camión.

Detrás de todo esto hay una pelea por el control del territorio. Pero en esa pelea los que están poniendo los muertos son los de siempre: la gente del común, los campesinos, los jóvenes. Por eso hay algo que debemos decir con toda contundencia: no nos podemos acostumbrar a la violencia. No podemos seguir contando muertos como si fuera normal.

Y aquí quiero poner sobre la mesa una idea que sé que puede generar debate, pero que vale la pena analizar: tenemos que hablar de diálogo.

No como una concesión, ni como una señal de debilidad. Hablo de diálogo como una herramienta para proteger la vida. En Colombia ya hemos visto que, en momentos difíciles, abrir canales de conversación con acompañamiento de organismos como la Cruz Roja Internacional ha servido para bajar la tensión y evitar que la población civil siga pagando las consecuencias.

Si hoy el Gobierno Nacional está avanzando en diálogos en otras regiones del país, ¿por qué no pensar en una salida similar para el Huila? ¿Por qué no intentarlo aquí, donde la situación empieza a salirse de las manos?

La propuesta es clara: convocar un espacio serio, con un garante internacional como la Cruz Roja, donde estemos todos del lado de la gente. La Gobernación, los alcaldes de Algeciras y Campoalegre, la Asamblea del Huila, los concejos municipales, la Defensoría, las personerías, y también nuestros cuatro nuevos representantes a la Cámara y la senadora electa. Este es un tema que necesita liderazgo y unidad.

El objetivo no es otro que proteger a la gente: evitar más muertes, frenar el reclutamiento de menores, devolverle algo de tranquilidad a nuestras comunidades.

Porque responder solo con más fuerza, sin una estrategia integral, puede terminar empeorando las cosas. Aquí se necesita cabeza fría, coordinación y decisiones valientes.

El Huila tiene todo para salir adelante, para ser potencia agrícola, turística y energética. Pero sin seguridad, ese camino se hace cada vez más difícil.

Dejo esta propuesta abierta. Para que la discutamos, para que la mejoremos, pero sobre todo, para que actuemos. Yo, como diputado, estoy listo para dar ese paso, con la firme convicción que dialogar también es una forma de proteger.


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