Neiva se ahoga en su propia basura
Por: Johan Steed Ortiz Fernández
Hablar de los bloqueos al relleno sanitario desde lejos es muy fácil. Lo difícil es vivir al lado.
Lo difícil es abrir la puerta y que el aire no huela a campo sino a residuos. Lo difícil es sentir cómo el olor se mete por las ventanas, se pega a la ropa, se queda en la garganta. Lo difícil es ver pasar todos los días los vehículos pesados, soportar el deterioro de la vía, el polvo, el barro, el abandono. Desde la distancia muchos condenan el bloqueo. Pero pocas veces se ponen en la piel de quienes llevan años sintiendo que solo son escuchados cuando incomodan.
Por eso lo que hoy vive Neiva cada vez que se bloquea la vía al relleno sanitario Los Ángeles no es un hecho aislado. Es la consecuencia de un problema estructural que se ha agudizado, por lo menos, desde 2021, cuando las comunidades del sector comenzaron a advertir el deterioro de la vía, el aumento del tránsito de vehículos recolectores y los impactos sociales y ambientales derivados de una infraestructura que con el tiempo dejó de ser solo municipal para convertirse en un relleno sanitario de alcance regional.
Desde entonces las protestas han sido recurrentes. Pero en la actual administración ya no pueden presentarse como episodios extraordinarios. Se volvieron repetitivas. Y cuando una crisis se repite tanto, deja de ser contingencia y pasa a ser evidencia de que no se ha resuelto.
Cada bloqueo paraliza el ingreso de los vehículos al sitio de disposición final y en pocas horas la ciudad amanece inundada de basura, con riesgos sanitarios y afectaciones directas a la calidad de vida de miles de ciudadanos. Aquí no se trata de culpar a las comunidades que protestan. Se trata de preguntarse por qué, si el problema era conocido desde el empalme administrativo, no se actuó con la urgencia que requería una infraestructura estratégica para la ciudad.
Hoy se intenta trasladar la responsabilidad diciendo que la vía corresponde a la competencia de INVIAS. Pero gobernar no es solo señalar competencias. Gobernar es gestionar soluciones. Más aún cuando la administración conocía que el relleno sanitario recibe residuos no solo de Neiva sino de numerosos municipios del departamento, lo que aumenta la presión operativa sobre la vía y sobre toda la infraestructura ambiental.
Solo hasta finales de 2025 se anunció la presentación de un proyecto ante el Gobierno Nacional por cerca de 2.400 millones de pesos para intervenir la vía, cuando distintos diagnósticos han señalado que una solución integral podría costar cerca de 7.000 millones. La pregunta es inevitable: ¿se está buscando una solución real o apenas una intervención parcial para prolongar el problema?
También hay que recordar que el modelo contractual vigente asignó al operador especializado la responsabilidad directa de la prestación del servicio de aseo, incluyendo recolección, transporte y disposición final. Eso significa que la continuidad del servicio no puede quedar a merced de situaciones previsibles como los bloqueos en la vía de acceso al relleno sanitario. La ciudadanía tiene derecho a preguntar si existieron planes de contingencia suficientes para evitar que la basura se acumule en las calles cada vez que estalla una protesta.
Pero el debate de fondo no puede quedarse únicamente en la vía. Neiva tiene que empezar a discutir con seriedad la vida útil del relleno sanitario. Hace varios años se hablaba de una duración mínima cercana a los 20 años. Si ese cálculo se realizó alrededor de 2015, hoy, en 2026, ya han transcurrido aproximadamente 11 años. En términos prácticos podrían quedar cerca de nueve años de operación, incluso menos, si se tiene en cuenta el crecimiento urbano y la presión regional derivada de recibir residuos de otros municipios.
Eso obliga a formular preguntas responsables: ¿se ha actualizado el estudio de vida útil?, ¿existe un plan técnico para la ampliación o reemplazo del relleno?, ¿el nuevo Plan de Ordenamiento Territorial está reservando suelos para futuras infraestructuras sanitarias?, ¿la ciudad cuenta con rutas de contingencia o alternativas logísticas reales?
Ignorar esas preguntas hoy es trasladar el problema a la próxima década.
Además, Neiva se acerca al final de un modelo de concesión del servicio de aseo estructurado a largo plazo. En pocos años deberá definirse si el servicio continuará siendo tercerizado o si el municipio avanzará hacia un esquema de operación directa o mixto. Esa discusión no puede improvisarse ni responder a intereses coyunturales. Requiere estudios técnicos, participación ciudadana y visión.
Lo que está ocurriendo con los bloqueos al relleno sanitario no es solo un problema operativo. Es una señal de alerta sobre la falta de planificación territorial, la debilidad institucional para anticipar riesgos y la ausencia de un debate serio sobre el futuro del servicio de aseo en la ciudad.
Neiva no se está quedando sin relleno sanitario de un día para otro.
Neiva corre el riesgo de quedarse sin planificación.
Y cuando una ciudad deja de planificar, la basura deja de ser solo basura. Se convierte en evidencia de todo lo que no se hizo a tiempo.
Porque la basura no llega sola.
