Dos años es mucho… y en Neiva no son nada
Por: Johan Steed Ortiz Fernández
Dos años no son 730 días: son 730 oportunidades de cambiar la historia.
De hacer lo correcto, de corregir lo mal hecho, de escuchar a la gente y de planear con sentido.
Un gobierno que en dos años no transforma nada no careció de tiempo: careció de voluntad.
Si la vida cambia a velocidad de vértigo, una ciudad también puede hacerlo.
En pocos meses un bebé aprende a decir mamá, a correr, a pedir agua.
Salvador, mi hijo, con apenas cuatro meses, sonríe, balbucea, intenta sentarse, reacciona a la música.
Si la vida avanza así de rápido, ¿cómo puede una ciudad quedarse quieta durante dos años?
La biología y la naturaleza no se excusan.
En ese lapso el hígado se regenera, la piel se renueva decenas de veces, los huesos se reconstruyen desde cero.
En la naturaleza un eucalipto puede alcanzar diez metros, una palma datilera ofrecer su primera cosecha y un manglar recuperar franjas enteras de costa.
En la ciudad, como en el cuerpo, el descuido también deja cicatrices.
Donde hay cuidado, energía y propósito, el cambio sucede.
En ese mismo tiempo, en Neiva, lo que parece crecer con facilidad son los pretextos.
La historia demuestra que........
