El nuevo congreso

Por: Jaime Alberto Arrubla Paucar

Las elecciones del pasado domingo, recompusieron el Congreso de la República, aparentemente sin mayores sorpresas, ni  mayores cambios a lo que ya se tenía;   simplemente hay unas ligeras variaciones y ajustes en su composición.

Lo primero a destacar es que el Pacto Histórico se consolida como la mayor fuerza política en el Congreso, 25 Senadores, aumentó su cuota y le sigue el Centro Democrático con 17 Senadores; los partidos tradicionales, o mejor lo que queda de ellos, mantienen alrededor de 10 escaños que conforman las principales agrupaciones políticas en oposición.    Pero la característica es la fragmentación de las tendencias políticas en  el Congreso.    Hay que tener en cuenta, además, que se acaban las curules gratuitas de “los comunes” que estaban al servicio del gobierno.

Sin embargo, ninguna fuerza es decisiva por si sola y el próximo gobierno tendrá que hacer coaliciones para poder  sacar sus proyectos legislativos, lo cual se ha vuelto recurrente en Colombia.    En nuestro sistema, “presidencialista” en extremo, el Presidente de turno coopta el Congreso, conformando lo que se ha llamado la “coalición de gobierno” que se estructura, no con base en acuerdos programáticos, como debería ser, sino con el reparto de cuotas burocráticas y participaciones presupuestales; incluso con  procedimientos escandalosos como ocurrió recientemente en el caso de UNGRED.   Con ello se aseguran los votos para poder sacar las reformas legislativas.

Como ejemplo, podemos analizar el tema de una eventual Constituyente, que es lo que el actual gobierno ha querido convocar.   Según el artículo 376 de la Constitución Nacional, para convocar al pueblo para que por votación popular decida si convoca a una constituyente, se requiere de una ley aprobada por la mayoría de los miembros de ambas cámaras.  Ninguna fuerza política representada en el Congreso podría hacerlo, sin el apoyo de otras fuerzas, es decir, sin una coalición del gobierno, que no es difícil construir, dado el poder presidencial.

Pero en el caso de que ganara la izquierda las elecciones presidenciales y lograra sacar adelante con la coalición de gobierno la convocatoria a una Asamblea Constituyente; la integración de esta no podrá ser como lo había anunciado este gobierno,  acomodando a sus intereses la composición de la Asamblea;  asegurando escaños para sus fuerzas  progresistas y sectores afines al gobierno, pues  claramente se rompe el principio de igualdad.   En una Constituyente no tienen cabida escaños de privilegio pues se rompe el equilibrio de la Asamblea.  

Por todo ello, la próxima elección presidencial será primordial para el futuro de nuestra nación y su estabilidad institucional.   En un sistema presidencialista como el nuestro, que, a quién gana las elecciones presidenciales, se le otorga un poder omnímodo, tanto en lo administrativo, como en lo presupuestal y en lo institucional, tener un gobernante comprometido con la democracia y la defensa de la libertad es fundamental.


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