La dictadura del cortisol: de la pantalla al desasosiego social |
Por: Gerardo Aldana García
La sociedad colombiana del último lustro, al vivir los flagelos de un enfermo que apenas ha visto a la salud a la distancia, padece la inundación de poderosos caudales de cortisol que fluyen mucho más allá de la zona de protección para convertirse en una auténtica toxina en la que a diario sucumbimos con los connacionales.
Frente a las noticias diarias de asaltos, masacres y corrupción, venimos perdiendo, año tras año, década tras década, la capacidad de asombro ante la barbarie al punto de familiarizarnos tanto con ella que se ha llegado a legitimar los excesos y la anti armonía como las constantes con las que debemos vivir.
Casos que han sacudido el panorama nacional, como la crisis de seguridad en el Cauca que desborda hacia nuestro departamento, o los escándalos de corrupción en la UNGRD (Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres), actúan como disparadores de ese estrés crónico. Cuando las instituciones que deben proteger la vida y el patrimonio fallan, el ciudadano queda en un estado de «alerta permanente», el escenario perfecto para el colapso de la salud mental y física.
La psiquiatra española Marian Rojas Estapé ha logrado traducir la neurociencia a un lenguaje vital: vivimos en una sociedad intoxicada de cortisol. Esta hormona, diseñada para la supervivencia en momentos de peligro, se ha convertido en un huésped permanente en nuestro organismo debido al ritmo de la vida moderna. Rojas sostiene que el cerebro no distingue una amenaza real (un depredador) de una imaginaria (una preocupación persistente); en ambos casos, el cuerpo se activa, se inflama y enferma.
Pero si los graves efectos de la secreción del cortisol que afectan la vida nacional tienen mucho que ver con las deficiencias en el ejercicio del gobierno, debemos sumar a esto las dinámicas absorbentes y castrantes de la libertad derivadas del inadecuado uso de herramientas tecnológicas. De hecho, Uno de los puntos más críticos de la tesis de la doctora Rojas Estape es la degradación de la corteza prefrontal, la zona del cerebro encargada de la atención, el control de impulsos y la resolución de problemas. Esta «corteza prefrontal» se ve fracturada por el uso excesivo de pantallas. El scroll infinito y las notificaciones constantes fragmentan nuestra capacidad de concentración, sumergiéndonos en una gratificación instantánea que nos deja emocionalmente exhaustos. Frente a esto, Rojas propone el valor del libro físico. Leer en papel no es un romanticismo estético; es un acto de resistencia neurológica. La lectura profunda silencia el ruido digital, entrena la paciencia y permite que el cerebro recupere su capacidad de enfoque, funcionando como un bálsamo natural contra la dispersión que genera la ansiedad.
Un panorama como este en donde la niebla nacional parece perder la esperanza del sosiego y la armonía impide a los colombianos tener la noción del reflejo de una Nación en Alerta. Esta «tragedia del estrés» no es solo un fenómeno individual; en Colombia y en nuestro Huila, es una patología social. La incertidumbre jurídica y administrativa, sumada a un manejo errático de la economía, mantiene a los ciudadanos en un estado de lo que la ciencia podría llamar una hipercortisolemia colectiva. No es solo cansancio; es el miedo constante a la inseguridad que carcome la libertad.
La esperanza para el Huila y para Colombia reside en nuestra capacidad de recuperar el control de nuestra atención. Si logramos armonizar nuestra vida diaria, alejando la mirada de la tragedia digital para ponerla en lo esencial —la lectura, el encuentro humano real y la gestión consciente de nuestras emociones—, podremos enfrentar los desafíos públicos con una mente lúcida y no con un sistema nervioso quebrado. Superar los flagelos de la inseguridad y la mala administración requiere ciudadanos presentes, no mentes dispersas en el miedo. El primer paso para reconstruir un país es, paradójicamente, aprender a respirar y a leer la realidad con la serenidad de quien ha recuperado su propia paz. Como todo en el mundo, incluso en El Paraiso Perdido, existe la posibilidad de lograr el retorno al equilibrio. La ciencia de Rojas Estapé también ofrece una salida: el mindfulness y la meditación como herramientas de regulación fisiológica. No se trata de ignorar la realidad nacional, sino de fortalecer el templo interno para no ser devorados por ella. Al meditar y practicar la atención plena, logramos que los niveles de cortisol desciendan, permitiendo que la corteza prefrontal retome el mando.
Los consejos de maestros de la espiritualidad y el esoterismo presentes en la civilización humana desde siglos encuentran hoy toda la sustentación en la ciencia que, aun que tarde, termina desarrollando los instrumentos de medida que validan la realidad que otros ya vieron y millones aún ni siquiera imaginan que existe.