Cuando la política nos enferma
«Entre gustos no hay disgustos», dice el refrán. Y, sin embargo, lo que ocurre en Colombia en estas semanas contradice esa sabiduría popular: el gusto político se ha convertido, para muchos, en fuente de disgusto profundo, de rabia sostenida, de rupturas que no siempre se reparan. Hemos entrado en modo “intolerante” donde la diferencia de opinión ya no se debate: se condena.
Lo que vivimos tiene nombre técnico: polarización afectiva. No es solo que pensemos distinto, es que ya no toleramos al que piensa distinto. El rival político deja de ser alguien con una visión diferente para convertirse en un enemigo que hay que derrotar, y cualquier propuesta que venga del «otro lado» se descarta sin analizar su contenido. Cuando esa lógica se instala, la democracia sigue existiendo en el papel, pero la convivencia se afecta gravemente.
Y no es un fenómeno menor. La investigación científica señala que el enfrentamiento sociopolítico sostenido genera estrés, ansiedad, miedo y ruptura del tejido social, afectando no solo a quienes están más implicados políticamente, sino al conjunto de la sociedad. La Organización Mundial de la Salud y las Naciones Unidas han advertido sobre los impactos de la polarización en la salud mental colectiva:........
