La participación en política electoral
La incredulidad de la ciudadanía en las contiendas electorales se manifiesta en el porcentaje de participación histórica en las mismas: un 45% del censo electoral. Es decir, que 45 de cada 100 personas aptas para votar y elegir a sus representantes lo hace. La mayor participación se alcanza en la elección de presidente en donde la cifra sube a veces al 55%.
¿Por qué se da esta baja participación? Son varias las razones. Una, tal vez la más importante, es la inexistencia de partidos políticos que puedan llamarse como tales. Un partido político en una democracia vibrante es una organización que representa intereses particulares y concretos de clases, sectores sociales o personas determinadas.
Los dos grandes partidos políticos en la historia de Colombia, hoy en proceso de extinción, fueron el Partido Conservador y el Partido Liberal. A grandes rasgos representaban los intereses de los dueños de la tierra, empezando por la Iglesia Católica, el primero y de los comerciantes, industriales y trabajadores asalariados, el segundo.
Llegaron a tener un importante arraigo social y representatividad, como que miles de personas se identificaron con ellos. Era la época de la formación de la Nación y, en ese proceso sus aportes terminaron dándole forma a la Colombia que conocemos. No es como algunos dicen que “a lo largo de 200 años no hicieron nada”. Así muchos de los gobiernos mal gobernaran, generación tras generación en un trabajo duro, continuado, los colombianos construimos el territorio en el que hemos levantado nuestras familias.
La violencia ha sido una constante en el proceloso camino del progreso. Producto de muchos factores como la necesidad de encontrar métodos democráticos para darle forma a un Estado donde quepamos todos sin matarnos, primero y, segundo construir una sociedad próspera que garantice el trabajo y de solución a las necesidades sociales de sus ciudadanos.
No ha sido un camino fácil. Pero, ahí vamos. A trancas y mochas, podemos decir que el esfuerzo de generaciones a perfilado a una Nación reconocida en el concierto de los pueblos libres del mundo.
La segunda gran razón, para la incredulidad ciudadana y la baja participación electoral es el surgimiento de un sistema político clientelar, que mediante engaños y promesas de corte individual arma feudos podridos para el beneficio personal. Tiene su origen reciente en el Frente Nacional, un acuerdo político de los dos grandes partidos históricos que en 1958 decidieron, para superar la violencia, repartirse el poder del estado por mitades exactas: la mitad para el partido liberal, la otra mitad para el partido conservador. El acuerdo consistió en que se alternaron cada cuatro años la presidencia de la república y se repartieron por igual los poderes legislativo y judicial. Así, pretendieron mantenerse en el poder de manera indefinida.
El país cambió en las décadas siguientes. Se redactó una nueva constitución en el año 91. Pero los vicios de la vieja repartija no fueron superados.
El atraso de Colombia, medido en la capacidad de resolver las necesidades ciudadanas, lo define la ecuación social de hoy: solamente hemos logrado incorporar a la modernidad, entendida como el poder participar en empresas y trabajos estables y seguros, a un 30% de la población económicamente activa, es decir, en disponibilidad de trabajar. El resto, el 70% adicional, sobrevive en condiciones precarias, tales que no les permite aportar a la construcción de una sociedad moderna.
Sin una propuesta seria en esa dirección no es posible generar credibilidad ciudadana. Solo una propuesta de crear riqueza colectiva moderna nos abriría una perspectiva social diferente. Ese es el reto.
Neiva, 23 de febrero de 2026
