Una rectificación tardía |
Un refrán popular dice que “después del ojo afuera, no hay Santa Lucía que valga”. En el caso que traigo a colación el daño está hecho, pero como la vida de las sociedades es más rica que cualquier simplificación, la nueva situación abre una ventana de oportunidad para un país como el nuestro, o mejor, para muchos países como Colombia a quienes el Banco Mundial perjudicó de manera grave en su camino al desarrollo económico y social.
En el año de 1993 el Banco Mundial, una de las instituciones creadas tras los acuerdos de Bretton-Woods que dieron formalmente fin a la II Guerra Mundial, y que presuntamente guiarían a los países miembros hacia la prosperidad (la otra institución sería el FMI), publicó un informe (El milagro de Asia Oriental) en el que desestimaba el papel del estado como un factor determinante en la construcción del desarrollo.
No obstante que en el mismo documento se “reconocía, con cierto detalle, cómo habían intervenido los gobiernos de estas economías: mediante créditos específicos y subvencionados a determinadas industrias, la protección de los productores nacionales y la canalización deliberada de la inversión hacia sectores elegidos por el Estado para su desarrollo”, la recomendación fue que la experiencia de Asia Oriental en materia de política industrial no debía ser replicada por otros países en desarrollo.
En su lugar, a manera de ucase nos aconsejaron adoptar “la disciplina fiscal, la liberalización y la integración en las cadenas de valor globales en las condiciones que fueran pertinentes”. La esencia de lo que se terminaría conociendo como las políticas neoliberales o de libre comercio.
Según un importante analista: “No deben subestimarse las consecuencias globales de la postura del Banco Mundial en su informe de 1993. Esta institución fue una de las más influyentes en la configuración de las políticas de desarrollo en el Sur Global, a través de sus condiciones de crédito, asistencia técnica y el clima intelectual que impulsó. En las décadas de 1980, 1990 y 2000, la política industrial pasó a ser vista como una rareza a nivel mundial: aceptable, quizás, en algunos casos excepcionales, pero algo que debía generar un escepticismo fundamental. La solución para los países en desarrollo, en cambio, era la liberalización, la privatización y la fe en las fuerzas del mercado.
Se estaba desbaratando la escalera del desarrollo, y el Banco Mundial era en parte responsable de ello.”
La retractación de hoy es en cierta medida hipócrita. Las instituciones multilaterales como el BM que desde su origen han estado influidas por los países ricos de occidente, cambian de posición porque en la carrera del desarrollo industrial, esos países están perdiendo con China, India, el sureste asiático, Brasil y algunos países de África.
Para nosotros, como país, es la oportunidad que hemos estado buscando por décadas. Es evidente que sin desarrollo industrial propio, sin agricultura y agroindustria moderna, sin servicios de nivel mundial, sin organizaciones financieras propias, …, en fin sin la protección del mercado interno como instrumento insustituible de la prosperidad nacional, no hay futuro.
Neiva, 06 de abril de 2026