Campaña sin novedades

Amadeo González Triviño

Afortunadamente quedan ocho días para la realización de los comicios electorales que han de renovar el Congreso de la República, según se pregona y atender otros requerimientos al ego de un grupo reducido de quienes se perfilan como eventuales candidatos a la Presidencia de la República para el periodo constitucional 2026-2030, mediante unas consultas manipuladas.

Como ha sucedido a lo largo de los años anteriores, acentuado estos momentos por la polarización ideológica, la actual campaña no conduce a la renovación de ideas, al conocimiento de proyectos e incluso, los mismos candidatos desconocen el papel que les corresponde en el Congreso de la República y la gran mayoría busca volver de nuevo a ocupar sus curules, teniendo una sola bandera, una sola razón, un solo propósito: todos contra Petro, todos contra el actual modelo del establecimiento y sin proyectos de renovación, sin propuestas, y no podemos negar que los medios de comunicación cumplieron su ciclo y se dedicaron según sus objetivos, a resaltar, exaltar y promocionar a los candidatos de los grandes potentados económicos aspiran tener dirigiendo este país.

Es interesante poder entender la forma como los medios de comunicación, los informadores y quienes ejercen el periodismo desde la provincia, hasta en la gran capital; desde la emisora del barrio, hasta las grandes cadenas radiales del país, han contaminado a los ciudadanos  hasta el punto de que no hay un equilibrio en la publicidad, no hay un camino lógico, coherente y claro que nos permita comprender y manipulan la vocación electoral del momento, sino que es un sistema que pretende meternos en la cabeza, mediante políticas propias de la época nazi y siguiendo las orientaciones de Goebbels, aunado a ese trastorno narcisista de la personalidad, lo que lleva a amoldar el comportamiento ciudadano hacia ciertos factores, direccionados desde los centros de poder político a nivel departamental, municipal y regional especialmente, que es donde se concentra el gran caudal electoral que ha de movilizarse el próximo 8 de marzo.

Esta burda expresión de la democracia, no es representativa de un proceso histórico, político, coherente y con el propósito de consolidación de una nación que tenga un derrotero en la búsqueda y el acompañamiento al ciudadano en la solución de sus conflictos, de sus necesidades más apremiantes y que permita tener la esperanza de encontrar un espacio de paz y de concordia con el otro, con los otros y que seamos parte de una sola familia que lucha unida y convencida de que es posible convivir en comunidad, sin llegar a los extremos de la confrontación, de la polarización ideológica o del comportamiento agresivo y bélico que hemos vivido durante más de doscientos años en esta tierra, rica en sueños y esperanzas.

Es tan lamentable todo este proceso, que ya se atreven a vaticinar la composición del Congreso de la República, para generar la zozobra necesaria en el elector y se afirma cómo los partidos tradicionales y esas variantes odiosas que se han bifurcado en movimientos personalistas, terminarán por alcanzar las grandes mayorías para continuar haciendo de las suyas en el proceso negacionista de los derechos ciudadanos y en hacer lo que siempre han hecho, como es entregar pequeñas migas a los colombianos, mientras ellos llenan sus arcas y usufructúan el poder para sus propias castas.

Que haya unas pocas excepciones, que se puedan contar con los dedos de la mano, y alcancen a sobrar algunos dedos, entre los candidatos que merecen nuestro respaldo, es cierto, pero la realidad es dura y seguiremos enfrentados a un espacio sin garantías sociales, donde las normas sobre publicidad política, sobre ocupación del espacio público, sobre contaminación visual y auditiva, no se respetan por el Alcalde del pueblo, de una provincia cualquiera y de grandes ciudades donde todo se vuelve incontrolable.

Es época de grandes sacrificios, y si no lo damos todo por el cambio, la desgracia será nuestra herencia a las futuras generaciones.


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