Reynaldo Matiz Trujillo: “Cuando ser liberal era pecado” |
Alfonso Vélez Jaramillo
El “Premio de Periodismo Reynaldo Matiz Trujillo”, es el galardón más importante y de mayor tradición que reciben los periodistas por sus mejores trabajos, cada 9 de febrero, desde hace 35 años, en el Huila.
Aclaro, no pretendo desestimar la importancia de los demás concursos de este tipo en la región, aunque si pesa más el Reynaldo por su trayectoria y porque su nombre si dignifica el oficio del periodista en el Huila.
Es un estímulo directo al periodismo huilense, reconocido por su fuerza y calidad en los medios nacionales y, un homenaje a la memoria del dirigente cívico, sindical, político, empresario y periodista Reynaldo Matiz Trujillo, un hombre que vivió antes de su tiempo.
Matiz Trujillo, además de periodista, era emprendedor fundador de empresas, generador de empleo y de medios de comunicación, desde donde cuestionaba la corrupción en el poder.
Fue asesinado en 1.924 cuando cruzaba los 43 años, por Arcadio Perdomo, el hijo de un influyente terrateniente, en plena hegemonía conservadora, que finalizó en 1.930, con el periodo de Miguel Abadía Méndez.
Con su muerte pretendían silenciar sus denuncias, su opinión contra la corrupción y el statu quo con sus normas, estructuras políticas, económicas y sociales imperantes en ese momento en el país, que se resistían al cambio de actitud.
Este crimen es considerado por historiadores como el primer caso de un periodista asesinado en Colombia, por el ejercicio de su oficio.
El Premio Matiz, ha impulsado el periodismo de opinión que investiga y defiende la verdad y la protección de los más vulnerables, fiel a los postulados de Reynaldo Matiz.
Matiz, denunciaba, además de, la corrupción, el despojo de tierras y la masacre de indígenas apoyados por su líder Quintín Lame, por parte de los de latifundistas conservadores en el Huila.
Con este contexto me atrevo a asegurar que quien engañó a los concejales de Neiva para que eliminaran la categoría Columna de Opinión del “Premio de Periodismo Reynaldo Matiz Trujillo”, no dimensionó el daño que le hizo al periodismo, pero sobre todo a la sociedad huilense.
Parece que este señor, mucho menos ha leído sobre quién fue, ni qué hizo este líder por el desarrollo Huila, o no es de Neiva ni conoce su historia, la grandeza y el carácter de Matiz Trujillo y los periodistas del Huila.
O, simplemente, no le gusta el periodismo ni que nadie opine ni contradiga.
Con certeza, este “héroe enemigo del premio” no conoce las raíces ni los valores que han forjado a los huilenses a salir poco a poco de su economía pastoril.
El nombre y legado de Reynaldo trató de ser borrado de la historia huilense, luego de su asesinato, pero su memoria fue rescatada por Augusto Ángel Santacoloma, un ilustre huilense, admirador de su trabajo social, empresarial y periodístico, en su novela “La Sombra del Sayón”.
Menos mal que “los hombres y las injusticias son transitorias, más no lo son las ideas y las acciones nobles y Reinaldo ha ingresado a las páginas de la historia”.
En su libro “El Fusilado de Tibacuy”, el historiador Jorge Alirio Ríos, bajo el seudónimo de “Jonathan de la Sierra”, redime de manera admirable la memoria de Reynaldo Matiz Trujillo.
“Cuando ser liberal era pecado”
Matiz Trujillo, valerosamente, opinaba cuando existía persecución a muerte, discriminación política y religiosa en todos los aspectos económicos y empresariales a finales del siglo 19 y principios del 20, “cuando ser liberal era pecado”.
Exponía su vida por las ideas democráticas de las que muy pocas personas lograron salvarse, en aquella época.
Prefiero pensar que la iniciativa de eliminar la Columna de Opinión del Premio que lleva su nombre fue por desinformación, aunque también hubo mala fe.
El golpe contra el periodismo de opinión se asestó de manera coincidencial cuando se cumplía el centenario del asesinato de Reinaldo Matiz, con algunas tertulias por parte de la Academia Huilense de Historia y el Banco de la República.
El día que mataron a Reynaldo Matiz, hubo revuelo en el Huila, todas las actividades se paralizaron en Neiva, los bogas, el comercio, algunas entidades públicas, inclusive hasta las casas de mujeres de vida licenciosa “hicieron paro”.
Quien a iba creerlo hoy día, en “La Casa de los siete pecados” las mujeres no atendieron y atribuladas, permanecieron cerradas las siete puertas rojas del burdel, un sitio social en el costado norte de la que hoy es la plaza barrio estadio”
Tampoco doblaron las campanas por Matiz
Las únicas que no doblaron fueron las campanas, “que permanecieron mudas”, inclusive durante su sepelio, “el bronce del templo viejo no dobló por la muerte de Reynaldo Matiz”, porque no era un secreto su ideología o pensamiento liberal.
El juicio “terminó con un aplauso”
Era tal el contubernio, entre la clase dirigente de la época, la pasividad de la iglesia y los operadores judiciales, que el juicio por este crimen en la audiencia final “terminó con un aplauso”.
“Arcadio no es responsable”
Dice el historiador que “el juicio fue una comedia”, porque el asesinato fue cometido en plena luz del día y a los ojos de muchos testigos, como don Héctor Ángel Santacoloma.
Don Héctor y otros, lo recogieron y lo llevaron al Hospital San Miguel, pero el jurado respondió por unanimidad, “Arcadio no es responsable”
“Y fue tan dura la censura moral de Arcadio Perdomo, quien no denunció a los autores intelectuales y tuvo que cargar con el peso de su crimen”, aunque solo pagó un mes de cárcel.
Don Reynaldo Matiz era un caudillo liberal en su época y un empresario que trajo la luz eléctrica a Neiva, creó escuelas nocturnas para trabajadores y un colegio de secundaria para el pueblo.
Como empresario visionario, fundó la primera planta trilladora, una destiladora de licores, las primeras fábricas de chocolates y de hielo, la primera sala de cine, la llegada de aviación cuando aún no había ferrocarril en el Huila y al mismo tiempo defendía los derechos de los trabajadores y los indígenas.
Era un personaje, que quisiéramos tener en estos momentos en Colombia, por cuya razón, el Concejo de Neiva, en un acto de justicia, debe restablecer la categoría Columna de Opinión en el concurso que lleva su nombre.
Igualmente, programar un acto especial con motivo del centenario de su muerte y el reconocimiento a su biógrafo, historiador y periodista Jorge Alirio Ríos. “Jonathan de La Sierra”.