menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

Córdoba bajo el agua: cuando el dolor ajeno también es nuestro

12 0
19.02.2026

Córdoba se está hundiendo. No es una metáfora. Es agua real, barro real, familias reales que han perdido casi todo. Casas anegadas, cultivos destruidos, animales muertos, niños durmiendo sobre colchones húmedos, hospitales sobrecargados, comunidades enteras sobreviviendo con lo mínimo.

Esta no es una noticia más. Es una llamada urgente. Y también es un espejo. Las emergencias revelan quiénes somos como sociedad. En la consulta, en el quirófano o en la vida, he aprendido que el sufrimiento humano nunca es un dato estadístico: es un rostro, una historia, una herida abierta. Hoy ese rostro es Córdoba. Mañana puede ser cualquiera de nosotros.

La ayuda no es un concepto abstracto. Tiene formas concretas, posibles, inmediatas.

La primera es económica. Donar, aunque parezca pequeño, salva. El aporte individual, cuando se multiplica, se convierte en alimentos, agua potable, medicamentos, frazadas, albergues temporales. No subestime el poder de una contribución honesta.

La segunda es acción voluntaria. Quien pueda servir, que sirva. Profesionales de la salud, ingenieros, psicólogos, trabajadores sociales, estudiantes, ciudadanos; todos tienen algo que aportar. En una catástrofe, la competencia técnica importa, pero la presencia humana importa aún más. Estar, acompañar, organizar, escuchar, reconstruir.

La tercera es la voz. Compartir información verificada, visibilizar la emergencia, movilizar redes, exigir respuestas institucionales. El silencio también es una forma de abandono. Cuando una tragedia desaparece de la conversación pública, comienza a normalizarse. Y nada debería ser normal cuando una comunidad entera lucha por sobrevivir.

Pero hay una ayuda más profunda, menos visible y, sin embargo, esencial: la empatía activa. No mirar la tragedia como un espectador distante. No convertir el dolor en un número más. No decir “qué triste” y seguir deslizando la pantalla. La indiferencia es la forma más silenciosa de violencia social.

Bertolt Brecht lo advirtió con crudeza: “Primero vinieron por otros y no dije nada… ahora vienen por mí, pero ya es tarde”. Hoy podríamos decir; primero, el agua arrasó pueblos lejanos y no reaccionamos; luego inundó regiones vecinas y guardamos silencio; ahora golpea a Córdoba… y si tampoco respondemos, cuando nos toque a nosotros, quizá ya no quede nadie. La solidaridad no es caridad. Es conciencia.

Es entender que vivimos interconectados, que el sufrimiento humano no reconoce fronteras geográficas ni sociales. Si hoy no somos capaces de tender la mano a Córdoba, mañana no tendremos autoridad moral para exigir que alguien la tienda por nosotros.

Ayudar no siempre requiere grandes gestos. A veces empieza con una decisión simple; no ser indiferente. Córdoba no necesita lástima. Necesita acción. Necesita presencia. Necesita humanidad.

Que esta emergencia no se convierta en otro titular olvidado. Porque cuando el dolor deja de importarnos, lo que realmente se inunda es nuestra propia condición humana.Principio del formularioFinal del formulario


© Diario del Huila