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Cristo muerto en un puente

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01.04.2026

01 de abril 2026 - 03:09

Todas las imágenes de Cristo que pasan por el puente de Triana van vivas. El Señor de las Penas, de la Estrella, está sentado en el Calvario, mirando al cielo del Domingo de Ramos. El Señor del Soberano Poder soportará la ira de Caifás, mientras le siguen nazarenos blancos el Lunes Santo. El Cristo de las Tres Caídas lleva a Triana detrás, para ayudarle con el peso de la cruz, en lo más hondo de la madrugada. El Viernes Santo pasa el Nazareno, agobiado con su cruz, cuando el cielo revira a morado con La O. Y, poco antes, habrá pasado Cristo convertido en Cachorro para el martirio, expirando entre la vida y la muerte, pero con los ojos abiertos para clavar su mirada vidriosa en los cielos de Sevilla.

El puente de Triana es para el Cristo vivo. Sin embargo, el Miércoles Santo hay un puente para el Cristo muerto. El Crucificado de la Salud sale de San Bernardo, atraviesa las calles engalanadas del barrio de los toreros, y, de repente, lo vemos. Imponente la Fe, en lo alto de la Giralda, con la estatua que hicieron en el barrio. Y sube la cuesta del puente, que es la metáfora de todos los calvarios.

Hoy es el día del Crucificado, que comienza pronto en la mañana de Nervión con el Cristo de la Sed, que seguirá en San Lorenzo con el Buen Fin, y culminará en el centro de Sevilla, con el Cristo de Burgos y el de las Siete Palabras. Pero Cristo ha muerto temprano en San Bernardo, en la tarde recién nacida de un Miércoles Santo. Y el puente es un Gólgota sevillano para un Cristo, que no se debate entre la vida y la muerte, como el Viernes Santo en Triana, sino que ya se ha consumado la plenitud de su muerte.

Y, sin embargo, entre esa riada de capirotes negros y túnicas moradas que llena las calles, si miramos atrás, no encontraremos el rastro triste de la muerte. Por el contrario, el viejo arrabal de San Bernardo se rejuvenece y se vuelve a llenar de vida. Y hay risas, una alegría que nadie disimula, y hay niños con globos, y hay vecinos que han regresado y se asoman a la puerta del bar o de la peña.

¿Por quién es ese día de fiesta? ¿No ha muerto Cristo en lo más alto de ese puente? ¿No se ha ido hacia la Catedral el que concede la Salud al barrio? Y, cuando suena la música al fondo, cuando se acerca la dulzura primorosa de la Virgen bajo palio, vemos la causa de esa alegría: llega el Refugio de los pecadores. Aclara el Vaticano que la Virgen no es corredentora, ni la mediadora de todas las gracias. Pero en San Bernardo se sabe que ni falta le hace. Todas las gracias de Dios están presentes en Ella, es la Madre nuestra, por el amor del Hijo que muere en un puente.

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