Compasión de Dios en forma humana |
31 de marzo 2026 - 03:10
último día del besamanos del Señor. Esta noche su paso lo buscará en uno de los momentos más emocionantes de la Semana Santa. Parece brotar de las entrañas de la ciudad, como si su suelo se alzara reclamando su presencia en las calles, llamado por el Señor que no se resigna a darse solo a tantos como durante todos los días del año van a verle y desde el Sábado de Pasión han pasado ante Él. Lo quiere todo. Los quiere a todos.
Se asienta sobre su paso con el golpe estremecedor de los gruesos clavos que lo sujetan, anticipo de los que sonarán en el Calvario. Su agónica zancada se carga de urgencia. Suena el llamador. Duele la levantá. El Señor, cautivo, camina aún más encorvado que cuando lleva la cruz. Le pesan nuestros pesares. Alguien que bien lo conocía me solía decir que el Señor es duro con sus devotos. Y bien lo supo él cuando, perdida la conciencia, caía una lágrima de sus ojos cerrados si le ponían su medalla del Señor en los labios.
En esa breve chicotá del Gran Poder cautivo sobre su paso oigo, con más fuerza que nunca, las palabras del Eclesiastés: “Si te acercas a servir al Señor, prepárate para la prueba. Mantente firme y no te angusties en tiempo de adversidad. Pégate a él y no te separes. Todo lo que te sobrevenga, acéptalo. Confía en él. Los que teméis al Señor, aguardad su misericordia. Los que teméis al Señor, confiad en él. Mirad las generaciones antiguas y ved: ¿Quién confió en el Señor y quedó defraudado? Porque el Señor es compasivo y misericordioso, perdona los pecados y salva en tiempo de desgracia. Caigamos en manos del Señor y no en manos de los humanos, pues su misericordia es como su grandeza”.
De entre los muchos textos del Antiguo y el Nuevo testamento que en el Gran Poder se hacen visibles, este es uno de los que mejor expresa la suma de aparentes contradicciones –tan cierto es que no nos salva de la prueba como grande es su misericordia– que se resuelven en esta imagen haciendo su grandeza, su poder y su imperio.
Cautivo sobre su paso, el Señor da su más trágica chicotá. Los besos, las miradas, las súplicas, las oraciones, habían tomado forma sobre el terciopelo bordando la túnica de los devotos. Ni le quita grandeza el morado liso ni le resta humildad el oro. Es quien es por sí mismo. La compasión de Dios en forma humana.
También te puede interesar
Los cuernos del toro del ‘Guernica’
Carlos Navarro Antolín
Amparo, más de un siglo de devoción
José Antonio Carrizosa
Semana Santa: ¿las costuras rotas?
Profesor y policía de la IA
Lunes Santo 2026: entre Cautivos y enviando señales
“El Albaicín está ahí, pero su alma ha desaparecido”
Semana Santa con amor y alfileres
Recobrar la identidad